martes, 13 de marzo de 2012

"TODO CONTIGO, NADA SIN TI"


Autor: Óscar López                                                                                              
                      

                         "TODO CONTIGO, NADA SIN TI"



                                   CAPÍTULO 1


-¡Hola mi vida!- me dijo él-

- ¿Cómo te fue el día mi muñequito?

-Un poco cansado mi reina, pero ahora estoy más feliz que nunca, al hablar contigo... ¿Y a ti princesita? ¿Cómo te fue?

-Yo estoy en una pompa rosa pastelito, porque cada día que paso junto a ti, la ilusión de mi corazón vá creciendo y cada día que transcurre vivo más enamorada.

-¡OH!, dulce flor, mi linda flor, tengo ganas de verte, abrazarte, y que tus labios rocen con los míos, te amo más que a nadie mi niña, te amo más que a mi propia vida, bella... Nos veremos mañana, ansioso porque llegue vida.

- Pastelito, mi dulce y tierno pastelito, tus palabras son pura poesía que alcanza mi corazón cómo un gran eco. Cuánto más hablas, más te amo. Por un beso tuyo ahora mismo daría mi vida y mi muerte, quiero verte, tocarte, para saber que se siente al ser estrella y fuego, deseo verte, te amo.

-Ay mi reina, mi princesa, mi vida, mi dulce y linda flor, que bellas palabras salen de tu boca, esa boca tierna y dulce, caliente y deseosa, deseosa por juntarla con la mía, sentir tu calor, tu dulzura, la noche es mi aliada, me hace ver la estrella más reluciente del cielo, reluciente cómo vos, mi dulce y linda flor...

- Quiero verte, sentirte, rozarte, abrazarte y besarte, besarte y no volver a separar mis labios de los tuyos nunca más, hay magia en tus ojos, en la sinceridad de tus palabras, en tus claros pensamientos, te quiero.

-¡Ay! Cada suspiro se convierte en besos para vos, al mirar tus ojos brillantes, relucientes como una estrella fugaz, y al verlos pido al cielo no perderte nunca, que jamás se suelten nuestras manos, que volemos juntos al universo, y una vez allí, se desate nuestro amor, que hagamos el amor, lentamente, y a la luz de las velas, que jamás se apaguen y dejen de alumbrar nuestro amor, ese amor más grande que el mar, más amplio que el universo, te quiero cielo, te quiero mi reina

- Se me hace un océano los ojos cuando pienso que puedo perderte, cuándo nos separemos, no quiero que tu voz desaparezca de la melodía de mis pensamientos, quiero quererte y tan solo puedo amarte, no te extingas amor mío, no desaparezcas, porque sino muero, te amo mi rey

-Amor son las 21:25 y he de dormir, soñar con mi reina, mañana debo viajar y lo sabes, iré allí, dónde mi amada, espera los tiernos y dulces besos de su pastelito, te amo mi niña, te amo mi pumpunchita, un beso cielo

- Dulces sueños corazón, me despido con el alma al soñarte y con el corazón al amarte, sueña nuestra inmensa historia y hazla infinita, igual que nuestro amor, besitos de chocolate de tu reina... Siempre tuya corazón

-Adiós mi princesa, que sueñes con tu amado príncipe y despiertes con el sabor de este, esperame despierta y recoge los besos que dejé en tu puerta antes de partir, ya sabes, mi destino es duro, pierdo una guerra, y pierdo todo, te pierdo a ti, que eres mi tesoro, besos mi niña y recuerda: TODO CONTIGO, NADA SIN TI.

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Esa ha sido mi última conversación hasta el momento que he tenido con mi esposo (Alejandro), son las 22:30 y sigo sin pegar ojo, cada vez que hablo con él, me deja vacía pero a la vez llena, y hoy no creo que pueda dormir, por lo que tengo ansias porque se haga de día y este toque a mi puerta, Alejandro es mi amado príncipe, llevamos casados hace 5 años, el decidió ser militar y apuntarse al ejército, yo no quería separarme de él, pero tuve que respetar su decisión, cómo él ha respetado muchas mías, lleva 3 años yendo a la guerra y por ahora no ha pasado nada malo, sólo cuento con Dios para que le proteja de todo mal, todas las noches hablamos por teléfono, hasta ahora no ha fallado ninguna, a no ser que me haya avisado de que tenía cosas que hacer, él solamente puede venir una vez cada tres meses, y mañana toca, ahora está en el extranjero, por lo que el vuelo sale mañana bien temprano y supongo que estará aquí poco más de mediodía... solamente podrá estar una semana (como siempre) pero me basta, ya que no puede quedarse más... Yo me llamo Adelaida pero todos me llaman por Adelain aunque mi pastelito me llama de tres mil maneras diferentes, pero me encanta que sea así de romántico y tan puro... Alejandro estuvo casado, pero su mujer falleció de cáncer. A los ocho meses lo conocí yo... que cada día doy gracias a Dios porque haya hecho que me cruce en el camino de este magnífico hombre. Mis padres jamás aceptaron la idea de que estuviera con Alejandro jamás lo han aceptado, o mejor dicho jamás me han aceptado a mí. Mi madre es la sombra de mi padre, siempre lo ha sido, pero la pobre no puede hacer nada...

Al día siguiente apenas amaneció ya estaba despierta, eran como a eso de las 07:15, llamé a Coraline (La sirvienta) para que me fuese preparando el desayuno, y así lo hizo, como siempre tan obediente, lleva conmigo trabajando unos ocho años y todavía no me he arrepentido de contratarla, recuerdo que empezó en casa de mis padres, tenía yo unos...17 años y ahora tengo 25, también trabajaba con mis padres, y ella quiso irse, porque un día mi padre quiso violarla, ella vino a mi corriendo y desesperada. Eso pasó unos días después de yo marcharme de casa de mis padrea. Llorando me pedía que la ayudase, yo no podía hacer nada, nada más que ofrecerle trabajo, y hasta entonces siempre ha sido para mi, la mejor sirvienta, después de tomarme el desayuno tranquilamente y ver un poco el telediario recibí una llamada anónima que me puso el corazón en la boca, fue un susto terrible... Alejandro, mi marido había tenido un accidente, no de avión por suerte, fue en autobús en dirección al aeropuerto, y no había pasado nada, estaba en revisión pero no era nada malo, y el anónimo me dijo que debía de esperar tres meses más para verlo, mi contención era inadaptable, no podía contenerme, entre el susto y el no poder ir a verlo, ni que él pudiera venir a verme a mi, me dejó un poco exhausta. Suerte que Coraline estaba ahí para sujetarme y darme todo su apoyo, el anónimo no quiso decirme su nombre, por lo que más me asusté, y me puse tan nerviosa, pero al rato, recibí una llamada de Alejandro, y mis dudas sobre el anonimato huyeron ya que no importa nada más que mi esposo...
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-Cariño...

- No te preocupes ya me han avisado por teléfono sobre tu accidente

-¿Quién? ¿Cuándo?

- Eso no importa pastelito, dime, ¿Cómo estás? ¿Debo de esperar otros tres meses?

- Espero que no mi reina, si él Doctor, me dice que todo está en orden, podré coger el próximo avión, aunque llegaré algo más tarde...

- Amor, si hace falta que te quedes, debes quedarte, la próxima vez nos vemos y no hay más

- No mi amor, llevo tres meses esperando este día, y no precisamente para esperar otros tres...

- Pastelito, no seas necio, es mejor que te recuperes y estés en observación durante unos cuántos días...

- No insistas princesa, porque bien sabes que no vas hacerme cambiar de opinión.

- Si, también lo sé... sé lo testarudo que es mi esposo...

-Bueno amor, debo de dejarte, que el Doctor, estará apunto de llamarme, nos vemos en unas cuántas horas ¿si?

- Por supuesto, aquí te espero muñequito... con ansias...

-Perfecto... pues al rato nos vemos. Un beso enorme

- Alejandro, un momento

- Dime Adelain

-Te amo

-Y yo a ti... Más que tu a mi...

- Recuerda.... TODO CONTIGO, NADA SIN TI.

-Todo contigo, nada sin ti
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Alejandro siempre tan testarudo, hace lo posible e imposible por verme, unas cuántas horas más debía de esperar... y no fueron rápidas se me pasaron muy lentamente, pero llegó el momento, eran las 23:45 cuándo llegó, pero yo aún seguía despierta con mi esperanza, y mi esperanza no me falló... Ahí estaba detrás de la puerta, cuándo la abrí me lancé sobre él, cómo alma que lleva el diablo, y no paraba de besarlo, y besarlo... y besarlo...
Hablando toda la noche, nos quedemos dormidos encima de la cama sin deshacer... A la mañana siguiente cuando desperté, Alejandro me trajo el desayuno a la cama... siempre tan tierno y dulce... (Como un pastelito)

Me dijo que después de desayunar íbamos a ir a un lugar especial... y cuándo Alejandro dice especial, esque es especial, con ansias por descubrir aquel lugar tan especial, tomé el desayuno rápidamente, me vestí y nos pusimos en marcha en rumo a ese lugar tan especial... Caminamos durante unos veinte minutos, pero la espera mereció la pena, era algo maravilloso, mágico, ESPECIAL... todo plagado de árboles, todos juntos con otros, una cascada magnífica, que jamás podía imaginar, un espléndido sol, unos pájaros cantaban en lo alto de las copas de los árboles, algo precioso... Alejandro empezó a cantarme una canción compuesta por él... al principio me reía, porque jamás lo había escuchado cantar, pero luego, empecé a darme cuenta de la letra... decía algo así...

                                                 <<Hace ya días, que pensaba en ti,
                                                    Y no podía dormir, y sentía
                                                    Que me iba a morir...
                                                    Fácil de amar, y difícil de olvidar
                                                    Te tengo tan lejos y en mis pensamientos
                                                    No paro de pensar, en ti, porque quiero estar junto a ti...>>

Luego pasemos por un puente muy viejo que daba miedo pasar, por si nos caímos... y luego justo al final... había un tremendo muro de rocas... enorme... y justo debajo nos sentamos... y comenzamos hablar:

- ¿Estás contenta dónde te he traído?

- Estoy muy contenta, y más que me hayas traído tú...

- Amor, quiero decirte una cosa... por muy lejos que esté, jamás te olvides de mí, de mis besos, de mis caricias...

- ¿Qué dices? Eso no vá a pasar, pastelito... ¿Por qué temes?

- No es temor, es miedo simplemente, porque no quiero perderte...

- Date por seguro, que jamás me vas a perder, por muy lejos que estés o por muy cerca... siempre voy a estar esperándote mi príncipe...

-Princesita, dulce y tierna, espero que nuestra felicidad no se acabe jamás...

- No se vá acabar, tranquilo... Estés dónde estés yo siempre estaré contigo... TODO CONTIGO, NADA SIN TI...

- Mi amor, y si algún día la guerra...

- Cariño, no pienses en eso... eso no vá a pasar...

- Pero y si...

- Si nada... ¿Te puedo besar?

- ¿Eso desde cuándo se pregunta? Pues claro...

Y estuvimos todo el rato besándonos, riéndonos, gastándonos bromas y de más... luego llegaba la parte en la que yo decido quitarme la camisa, el decide quitarse la suya... Éramos cómo adolescentes, estábamos en la flor de la vida... tenía 25 años... y el 28... Disfrutábamos cómo críos, cómo los adolescentes, que se mueren por una primera vez, eso parecíamos, cómo si fuese nuestra primera vez que íbamos hacer el amor... pero para estropear el momento... Vi unos pies... y cuándo alcé la mirada... me di cuenta que no eran unos pies simplemente sino que llevaba cuerpo encima... y la cara me sonaba un montón... hasta que dejé la “adolescencia” por una parte y volví al mundo real... ERA MI PADRE

- Papá ¿Qué haces aquí? -le pregunté-

- Me pregunto ¿Qué haces tú? Yo pasear pero tú... Adelain, que tienes 25 años....

- ¿Tienes algún problemas papá?

- Yo ninguno, pero ya es hora de que madures...

- Yo estoy lo suficientemente madura...

Todo esto hablando, mientras Alejandro intentaba ponerse la camisa...

- Adelain, no empecemos... que puedes acabar muy mal

- ¿Por qué no te largas de una puñetera vez y me dejas en paz?

- Te prohíbo que le hables así a tu padre –me dijo como si fuese una tercera persona la que hablase-

- ¡¡¡Lárgate!!!

Entonces me cogió del brazo y me levantó del suelo dónde yo estaba sentada

- no retes a tu padre, porque pierdes... Aún no me conoces...

- ¡Papá! ¿Te das cuenta? No te conoces ni tu mismo

- Luego no vengas arrepentirte

- ¿Arrepentirme de qué? -Le dije mientras se iba-

Entonces largué a llorar, porque no podía más con la sobre carga que mi padre me echaba encima... Y Alejandro tan tierno me besaba y me abrazaba fuertemente...

- Cariño... ¿será capaz de hacer algo?

- Espero que no... –Le dije no estando segura de la situación ya que mi padre se atreve a cualquier cosa-

Después de un rato de charla sobre el viaje, nos fuimos a casa, sabiendo que mi padre, ya había descubierto el lugar dónde nosotros estábamos, esto queriéndome decir, que nos había vigilado y perseguido.
Cuándo lleguemos a mi casa... Caroline nos tenía preparado el almuerzo... Y después de comer Alejandro tiene la costumbre de echar una siesta como de una hora aproximadamente. Aprovechando la situación, fui a casa de mis padres para solucionar esta “mierda” (Con perdón) de inmediato...

Allí me abrió Henry, el mayordomo, y esperando en el salón cómo si fuese una invitada, no de la familia, sino cómo una invitada... A los 10 minutos de larga espera apareció mi madre con ganas de joderme la vida...

- Hija –me dijo en tono quejumbroso-

- Hola, ¿Puedo pasar? ¿O espero a que el Señor me dé permiso?

- No hija, claro, pasa... y no grites a tu padre

- Claro que no, mamá... claro que no... –Dije yo, en forma irónica-

Una vez en el despacho de mi padre, le quise aclarar unas dudas:

- Principalmente he venido aclararte que no pienso tolerar ni tus insultos, ni tus tocamientos contra mí.... principalmente porque soy mayor de edad...

- No lo demuestras –Dijo interrumpiéndome-

- Escúchame –proseguí- ¿y de que me voy a poder arrepentir yo? De absolutamente nada...

- De nada, bueno, cuándo te deje sin casa, sin dinero... no vengas pidiendo LIBRO DE RECLAMACIONES –dijo encendiéndose su pipa de los 60’-

- ¿Sin casa?

- Adelain, te recuerdo que todo lo que tienes, me pertenece...

- No serás capaz de dejar a tu hija, sin casa...

- Que vá... te digo esto para que vayas haciendo idea... de qué en unos días... empiezo a demoler todo tu hogar... búscate la vida... con Alejandro...

- Sabes perfectamente que Alejandro no está conmigo todos los días, que solo puede venir una semana cada tres meses, porque está en el ejército...

- Apúntate tu también... hacéis muy buena pareja... –riéndose-

Yo salí de aquel lugar, porque sabía que no iba a llegar a ningún lado... sino cogía un cuchillo y empezaba a demoler yo...

En cuánto despertó Alejandro le conté todo lo que me había dicho mi padre, y el se sentía lo mismo que yo... NO SABER QUE HACER CUÁNDO UN PADRE TE DEJA SIN HOGAR, se me acababa el mundo, yo no disponía de dinero para hacer absolutamente nada, desesperadamente Alejandro y yo, nos pusimos a llorar...

Los días siguientes fueron desesperantes, Alejandro buscaba soluciones, en bancos... y de más... pero no lograba encontrar nada... yo buscaba trabajo como dependienta de algún puesto... de bailarina en cualquier cantina... pero no hubo suerte por ambas partes, Alejandro y yo volvimos a casa muy desilusionados, yo no sabía ni que iba a pasar con nosotros, ni tampoco con Caroline, yo pagaba a Caroline desde la cuenta de mi padre... A ver... voy a empezar desde el comienzo de la historia...

Cuándo yo tenía 17 años, empecé a conocer a Alejandro, éramos simplemente amigos, desde aquel momento que empecé a conocer a este, mis padres ya no me soportaban, pero yo seguí luchando por él... Fue cuándo mi padre empezó a lastimarme no solo psicológicamente también físicamente, pero aún no tenía dónde ir, entonces, empecé a hacer caso a mis padres, hice cómo que jamás había vuelto a ver a Alejandro, cosa que no era cierta, porque nos veíamos todos los días, entonces, cuándo llegué a los 19 años, le pedía mi padre que me comprase una casa cerca de la suya, y él sorprendentemente accedió, cómo el dijo, ese iba a ser un obsequio por ser tan buena hija, y efectivamente así fue, mandó a preparar una casa, y me dio su cuenta del banco para pagar a la servidumbre y demás gastos, en definitiva empecé a vivir en mi nueva casa a los 19 años, y al año siguiente me casé con Alejandro, con los impedimentos de mi padre, pero acabó “aceptándolo” diríamos....

Me encontraba en una situación difícil, sólo tenía una opción pero era bastante inútil, sacar todo el dinero de la cuenta, comprarme una casa, lejos con mi marido, y llevarme a Caroline, pero eso de llevarse todo el dinero, sonaba un poco peligroso, era muchísimo dinero el que debía de llevarme en mano... pero no iba a hacer eso, directamente me hice una cuenta a nombre de mi marido y mío, y una vez allí ingresé el dinero, ahora mi padre podía hacer lo que se le antojase.

Mañana mi marido debía de marcharse de nuevo a esa gran afición y trabajo dónde lo esperaban... El ejército. Se iba con mucha lástima pero debía de irse, yo le mantendría al tanto de todo. La noche pasó rápidamente y en cuánto amaneció mi marido cogió sus cosas y se marcho dándome un beso en la frente, un beso significativo para mí. Al rato de que se fuese, yo me levanté, tomé el desayuno, y empecé la mudanza, ya que mi padre había dejado una carta tras la puerta que me avisaba de que en unos días la máquina demoledora iba a emprender su función, Coraline, y de más servidumbre que solamente me permití el lujo de contratar para la mudanza, me ayudaban a ello, empaquetando las cosas del trastero, había una caja muy antigüa, hacía años que no veía el contenido de ella, cuándo la abrí eran fotos cuándo yo era pequeña, y fotos de mis padres conmigo, se veían muy cercanos a mi, qué lástima que ahora no sea igual. Las lágrimas no se sostenían de los ojos, y entonces me puse a llorar, ya que es algo muy grande la falta de no tener padres para que te apoyen en lo bueno y en lo malo, qué se lo digan a mi marido, que cuándo fue pequeño, sus padres murieron en un viaje de coche, y sólo vivió el y su abuela (que ya murió) y de vez en cuándo se pone a recordar, y se echa las manos a la cabeza, porque la falta de padres es en realidad, no tener vida, porque ellos lo son todo... pero sin ponerme peor de lo que estaba, intenté olvidarme... y proseguí con la mudanza...

Así continuaron los siguientes días, es tan grande la casa, que no se acaba en tan solo unas horas. Así le fui contando a Alejandro. Y llegó el día DEMOLEDOR, mi padre tocó a la puerta, y me pidió que le entregase la cartilla de la cuenta, con su respectivo dinero, y ahí se me acabaron las palabras... me quedé en blanco y lo que único que pude soltar fue...

- Ya... me lo había gastado

- ¿Cómo que ya acabaste el inmenso dinero que había en la cuenta? –Dijo no creyéndose nada de lo que le dije-

- Si... lo siento... cuándo quieras puedes demoler...  yo ahora me buscaré la vida... –dije dirigiéndome a la puerta para escapar-

- Adelaida, no te vas a ningún lado, hasta que no me entregues todo el dinero de la cuenta

- Pero ya te he dicho que no tengo absolutamente nada, con la mudanza se ha acabado todo, si quieres yo te doy la cartilla, pero... te aviso que no hay dinero

- Más te vale, que esté aquí todo, porque sino...

- ¿Por qué sino qué? ¿Papá? ¿Por qué sino qué?

- Acabarás bajo tierra –me dijo amenazándome y se largó-

Debía de marcharme lejos de allí, antes de que volviese y me matase de cualquier forma, maltratándome o simplemente matándome, mi padre tiene la sangre muy fría... Llevaba dos camiones de mudanza, les dije que se dirigiesen hacia el norte, que allí buscaríamos algo... Yo entré en la limusina y Ricardo (El chofer) arrancó... eché la mirada atrás y vi que sólo un camión nos perseguía, el otro había tenido un problema, por lo tanto, tuvimos que dar marcha atrás... rápidamente, antes de que mi padre volviese enfurecido, llamemos a Don Pepe, el mecánico, y puso todo en orden, a la hora de zarpar, Coraline debía de ir al baño, y yo ya veía a mi padre subiendo camino arriba...

- Coraline, date prisa, ¡corre!

- Ya voy señora –escuchaba-

Mi padre, cada vez estaba más cerca, y yo no sabía si subirme a la limusina o esperar fuera a que Caroline saliese, esperé, ésta salió rápidamente dejando la puerta abierta, y nos montemos las dos en la limusina, pero ya era demasiado tarde, mi padre, se había puesto delante del auto, sin movilizarse, y gritando:

- Quiero mi dinero Adelaida, quiero mi dinero, acabo de averiguar que has sacada todo el dinero de la cuenta... entrégamelo

- Papá quítate –gritaba yo-

- Hija por favor, hablemos –me dijo entristecidamente-

Yo no podía caer en una de sus trampas, entonces vi que Caroline, bajaba del auto...

- Caroline, ¿Qué haces? –Grité yo-

- Váyase señora, ahora –me decía mientras quitaba a mi padre del medio-

- Caroline, sube al coche, vámonos –entonces Caroline, soltó a mi padre y éste cayó al suelo-

Caroline volvía corriendo, abrió la puerta, pero mi padre le agarró del pié y no pudo sostenerse que calló al suelo desaforadamente.

- Váyase usted señora, váyase...

- Caroline, no puedo dejarte...

- Váyase –me gritaba-

- Arranque Ricardo –dije mientras este ponía el contacto-

Alcé la mirada atrás y vi como Caroline, despiadadamente quedó tirada en el suelo, también pude comprobar su rostro, pude comprobar que lloraba, al igual que yo. Porque podía ser, que jamás pudiese volver a verla. Los camiones de la mudanza nos seguían, yo le dije a Ricardo que no los perdiese, porque yo probablemente me iría a quedar dormida, y así fue, me quedé plácidamente dormida...

Cuándo desperté, vi que el coche no se movía, y le pregunté a Ricardo que era lo que estaba pasando. Y este no me contestaba porque tenía el cristal que separa del conductor a los asientos de atrás cerrado, y era imposible que me escuchase, intenté levantarme para ver por dónde íbamos, y pude comprobar que no íbamos muy lejos porque conocía el sitio, me incorporé en el asiento y pude ver que Ricardo hablaba por teléfono, entonces puse el oído y solamente pude escuchar... <<Ya la llevo conmigo>> <<Tranquilo>> <<Me queda una media hora por llegar>>. Me asusté, y lo primero que pensé fue que Ricardo estaba en complot con mi padre, seguí con normalidad, le pedí que bajase el cristal, y empezamos a hablar...

- ¿Adónde vamos Ricardo? –Le pregunté yo-

- A un lugar seguro que conozco.

- No, Ricardo, yo le indico, vayamos al Norte, lejos...

- Adelaida, es mejor que me haga caso, el lugar es seguro.

- Ricardo, le digo que vamos al norte.

- Señora... –Replicó-

- Ni señora ni nada, los camiones también vienen con nosotros.

- No importa, por favor, confíe en mí...

Yo ya no sabía que hacer, lo mismo todo lo que estaba pasando me había afectado algo, y solo pensaba en lo mal, pero sólo tenía estas opciones:

a) O me vá a llevar con mi padre, de ahí la frase <<La llevo conmigo>>

b) O que lleva algo, que debe dársela a un compañero...

Entonces le pregunté:

- ¿No tienes que pasar por ningún lado más antes de acercarme a mí? –Le dije con indirecta-

- No, vamos directamente –Me contestó-

Entonces me quedé con la opción <<A>>... pero no se que pasaba que Ricardo me transmitía confianza... y dejé que pasara esa larga media hora... Y por fin lleguemos, era cómo una especie de hacienda, una bonita casa, con un pozo, un espléndido bosque... Un lugar muy bonito, Ricardo me explicó que esa hacienda era suya, me dijo que era mía con la condición de pagarle por una cantidad inmensa, y yo acepté, ya que disponía de un dinero también inmenso... Mis dudas se resolvieron, fui una mal pensada, pero es normal, Ricardo, había trabajado varios años con mi padre, y se puede esperar una de todo, menos de nada... cómo dicen todo se pega menos la belleza...
Comencemos la mudanza, y en dos día acabemos... poco a poco fui explicándole a Alejandro, y él tampoco se fiaba del todo, también me dijo, que le iban a dar unas vacaciones, por algo que había sucedido, y que en unos días estaba allí, le expliqué como llegar... y de más...
Una vez acabada la mudanza, me metí en el dormitorio, acordándome mucho de Caroline, de si lo estaría pasando mal..., entonces sonó el teléfono, era Alejandro...

- Hola amor, ¿Qué tal el día?

- Bien, un poco cansada, tanto ajetreo me estresa... ¿y tú? ¿Para cuándo regresas?

- Yo estaré allí en dos días...

- Pastelito, dime, ¿Cuánto tiempo estarás aquí?

- Unos dos meses, cómo mucho...

- Cuánto tiempo para tenerte entre mis brazos... amor, estoy muy preocupada...

- ¿Por qué mi princesa?

- No sé, todo esto me afecta... ni siquiera sé que hacer...

- Amor, tranquila, en unos días estaré contigo... y no deberás de preocuparte de nada... No temas...

- Bueno, rey, dulces sueños... te amo... TODO CONTIGO, NADA SIN TI...

- TODO CONTIGO, NADA SIN TI... Que descanses reina... Dulces sueños...

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Una conversación corta, pero basta y sobra, en ese momento tenía en mi interior, una buena parte, en la que venía Alejandro, pero por otra, estaba gritando en rebeldía, porque me sentía extraña en aquel lugar, echaba de menos a Coraline, y no me quitaba de la mente el hecho de que mi padre me haya dejado sin casa... y que se porte así conmigo... En ese momento en que hacía un repaso a mi memoria... tocaron a la puerta... Era Ricardo.

- Ricardo ¿Qué haces aquí?

- Adelain, he venido a decirte algo...

- Ricardo, por favor, quiero dormir, y creo que no debes entrar así a mi casa...

- Es mi casa, Adelain

- No, ya te pagué la cantidad que me pediste...

- Adelain, soy hombre, necesito algo más que dinero

Yo me asusté ya que sabía más o menos por donde iba la cosa...

- ¿A qué te refieres Ricardo?

- ¿No lo sabes? Sexo Adelain, sexo....- Me dijo el muy cerdo

- Yo no puedo darte eso... estoy comprometida, y aunque no lo estuviese tampoco iba a darte ese capricho, no soy una de las tantas fulanas con las que  mi padre y tú estáis acostumbrados a hacer el amor.

- Más vale que me respetes, porque puedo echarte de mi casa.

Entonces tomé silencio, ya que él tenía el poder de esta “lucha” porque no habíamos hecho ningún contrato de arrendamiento ni nada por el estilo

- Mañana voy a volver, piénsatelo, porque no sabes lo que te puedes llegar a perder...- me dijo mientras se iba

Vi por la ventana de mi habitación como montaba en el coche, arrancaba y se iba, entonces no me lo pensé dos veces, cogí lo más importante y me fui de aquel lugar, porque no había que fiarse, estaría seguramente en complot con mi padre, salí a la calle, hacia algo de viento, salí a caminar, no veía mucho, pero con las luces de los coches que pasaba me iría guiando más o menos, cuándo llevaba más de 32 Km. Aprox. Me eché la mano al bolsillo, y noté  que se me había olvidado el teléfono. No tenía ganas de volverme a por él, pero debía de hacerlo para contarle todo lo sucedido a Alejandro, entonces con mucha pereza y cansancio me volví. Cuándo llegué vi de nuevo el coche de Ricardo, al lado había otro vehículo, pero la oscuridad no me dejaba visualizarlo correctamente. Me acerqué con mucho cuidado y observé la matricula. Era el vehículo de mi padre. Pensé que había hecho bien en irme, porque ahora mismo no sé dónde estaría, pero por otro lado pensaba que no sabía que hacer, debía de coger el teléfono y largarme solamente. Entonces me armé de valor al pensar en Alejandro, y entré cuidadosamente a la entrada, no se escuchaba absolutamente nada, simplemente el ruido de los árboles con el viento, entonces pasé a la segunda planta, allí ya se escuchaba algo:

- ¿Dónde se ha metido Ricardo? Tú me dijiste por teléfono que estaba aquí.

- Señor, le juro que estaba aquí hace una media hora aproximadamente, aquí están sus cosas....

Entonces supe que estaban en complot, y no era de extrañar. Oía que venían para la planta de abajo en la que yo estaba, entonces me metí en un desván, noté que se acercaban, y lo noté aún más cuando uno de los dos agarró el pomo de la puerta para abrirlo, justo tuve que meterme ahí... con las miles de habitaciones que había en toda la hacienda. Justo en el momento en el que abría la puerta, se escuchó un ruido en la puerta principal. Entonces oí como mi padre decía:

- Ricardo, vamos que está aquí, estoy seguro

Escuché los correteos hasta la puerta principal,  y ese era mi momento para subir a la segunda planta, coger el teléfono, y largarme... Salí disparatadamente, saltaba los peldaños de la escalera de dos en dos, llegué a mi habitación, fui hacia la mesita, pero no veía nada, ya que no encendí la luz del miedo que llevaba encima. Fui a encenderla, pero escuché la puerta principal cerrarse con brutalidad. Mierda. Subían para arriba, me escondí bajo la cama. Entraron en mi habitación.

- Señor, que puedo hacer.

- Lárgate, eso es lo que debes hacer. ¿Le pediste el precio por la hacienda que te dije no?

- Si, ya lo he depositado en la cuenta que me diste.

- Por lo menos, has hecho algo en condiciones.

- Señor, yo le juro...

- ¡Cállate! No podemos perder más tiempo. Pensemos. Mi hija no es tonta. Se habrá olido algo, y habrá tomado camino, no estará muy lejos. Ricardo vé por los alrededores y echa un vistazo, mientras me quedaré yo aquí en la hacienda.

- Si, señor

Ricardo ya se había ido, pero mi padre no se movía, seguía ahí...

- Dónde te has metido Adelain, dónde...- decía y repetía una y otra vez, entonces, acto seguido, abrió la puerta y subió a la 3ª planta. Yo logré encender la luz, fui hacia la mesita de noche, y una vez allí, una lámpara, una funda de unas gafas de Ricardo y mucho polvo, ¿El teléfono?

- Dios mío, ¿y mi teléfono?- Me dije, debía de llamar a Alejandro y contarle todo lo sucedido.

Me fui de aquella habitación dejando la luz encendida cómo una inútil, fui a la cocina creyendo que cabía la posibilidad de dejarme el teléfono allí. Buscaba y buscaba, pero no había rastro. Oí a mi padre gritar mi nombre, y bajando las escaleras, cómo no es tonto, vio la luz encendida. Bajó para la primera planta dónde yo me encontraba, muy nerviosa, fui hacia el garaje, una vez allí, no podía moverme, ya que no tenía salida. Me situé tras la puerta. Repetía y repetía mi nombre mil veces. Cuándo terminó de revisar todos los aposentos se dirijo hacia el garaje, puso la mano en el pomo, giró la ruedecilla de este y justamente al abrirla, entró Ricardo por la puerta principal.

- Señor, no hay rastro de ella.

- ¿Pero cómo puedes ser tan inútil?- fue corriendo hacia él, y le arreó un par de guantadas, yo abrí la puerta dejándola entornada, para mirar el panorama de poder escapar. Pero Ricardo tirado en el suelo...

- ¡Ahí está!- Gritó el muy cínico

Yo salí corriendo porque aún cabía en mí, la posibilidad de escapar. Pero desafortunadamente mi padre me cogió del brazo brutalmente  y me arrojó contra la puerta del garaje.

- ¡Tú! Falsa imitación de la viva imagen de tu madre- Me dijo-

Yo me levanté, fui hacia él con un valor inmenso que probablemente tenga por pensar en Alejandro y le di una guantada en mitad de la cara. Después de este acto que no me arrepiento de hacerlo (al contrario) cogí la puerta aprovechando que estaban los dos en el suelo y me largué. Fui corriendo hacia el frente de la hacienda dónde había un bosque, era mi mejor remedio para escapar, ya que si hubiese ido para la carretera hubiesen cogido el coche y me habrían perseguido. Me adentré en el frondoso bosque, no veía nada, escuchaba las hojas moverse por el viento y el gemir de los animales, estaba aterrorizada, llegué a un rió seco. Allí me detuve y me senté por el cansancio, ellos ya me habían perdido la pista. Lloré porque no podía comunicarme con Alejandro que venía en dos días. Miré el reloj, eran las 2:32 exactamente de la madrugada, no sabía que hacer...
                                                         CAPÍTULO 2

Si seguía en el bosque podría perderme, entonces recordé un documental que vi en televisión, y me hizo recordar algo, si se seguía un río, llegarías a un pueblo o una barriada, hice caso, y así fue, llegué a un pueblecito que jamás había visto y sentido. No había nadie en la calle, y no era de extrañar. Por suerte había una gasolinera de estas que están todo el día y toda la noche en función. Una gasolinera 24 h. Allí me acerqué, había un hombre y no lo dudé, empecé a interrogarle.

- Buenas noches, señor- le dije

- ¿Qué desea señorita?

- Ayuda, por favor- y al decir esto, me desmayé.

Una vez que me desperté, 2 horas aproximadamente más tarde, vi como los agentes sanitarios dejaban la habitación... ¿Agentes sanitarios? ¿Habitación?... Todo era muy raro, pero aclaré mis dudas al ver a mi padre y a Ricardo entrando al día siguiente...

- Hola hija, ¿Cómo estás?- Me dijo mi padre, estaba de nuevo en la hacienda, me habían encontrado.

- ¿Pensabas que no íbamos a encontrarte verdad?- Dijo Ricardo. No respondí.

Me eché las manos a la cabeza. Creía que no podría volver a salir.

- Hija, la policía no es tonta- Dijo mi padre esbozando una sonrisa.

Intenté levantarme. No pude.

- Estás muy débil Adelain, es mejor que descanses- Dijo Ricardo- Mañana será un largo día.

Se fueron los dos del aposento. Intenté levantarme de nuevo. Esta vez lo conseguí. Me asomé a la puerta, y pude ver como se iban, escuché la puerta, bajé las escaleras de dos en dos a pesar de mi debilidad. Me asomé por la ventana de la cocina y vi como se marchaban en el coche. Subí rápidamente a la habitación acordándome del teléfono, lo busqué pero no había ningún rastro de él. Suponía que se lo habrían llevado y no quería pensar en lo que podían hacer con él. Me vestí con la intención de largarme. De nuevo bajé las escaleras. Y cuándo llegué a la puerta principal y cuándo la intenté abrir. Mierda. Habían cambiado la cerradura. Me dispuse hacer lo imposible para poder salir de allí.

Busqué alguna ventana con la que poder escaparme pero todas eran con rejas, y bastante altas, se me venia al mundo abajo, no sabía que hacer.


                                                   


                                                CAPÍTULO 3

Mientras yo buscaba una salida... Mi padre y Ricardo llegaban a Mollina (El pueblo dónde vivía antes de todo esto)

- Ricardo, ¿Está el teléfono de mi hija encendido?

- Si, señor.

- Busca el número de Alejandro, y mándale el siguiente mensaje <<Amor, no quiero volver a verte, por favor, no vengas y no pidas explicaciones ya que no las hay. Un beso>>

- Jajaja ¿En serio señor? ¿Envío ese mensaje tan cursi? ¿No se dará cuenta?

- ¡Ay! Ricardo, Ricardo... que poco conoces a mi hija, es más cursi de lo que parece... ¡Vamos! ¿A qué esperas? Envíale ese mensaje. Yo voy a mi casa, ya que mi mujer lleva varios días sin verme, no tardo.

- Si señor.- Y de inmediato mandó un mensaje a mi amado.

En casa de mis padres...

- ¿Has encontrado a Adelaida?

- Si, la he encontrado, ya le he dado un poco de su merecido.

- ¿Eso quiere decir que aún no has acabado?

- Por supuesto que no, mujer, a tu hija le queda mucho por lo que sufrir, el daño que se le hace a un padre, no se perdona tan fácilmente.

- Pero...

- Pero nada, déjame hacer las cosas a mi manera, a tu hija no le vá a pasar nada malo...

- ¡Pero es tu hija, no le hagas sufrir de esa manera!

- ¡Ei!,... ¿Desde cuándo estás tu tan rebelde? Siempre me has apoyado...

- Si, lo sé... pero ahora siento que estamos perdiendo a nuestra propia hija, para siempre.

- Esmeralda, la perdimos hace mucho tiempo, y nos deshonró tanto a ti como a mi, ¿Qué le dijimos hace años? ¿Qué le dijimos? Que no se casara con ese fraude, ¿Y ella que hizo? Lo contrario.

- Pero debemos de respetar su opinión

- ¡Esmeralda! Ya basta, en esta casa, se hace lo que yo diga.

- Esta bien...- Y mi madre guardó silencio.

Entonces entro Ricardo...

- Señor...- Dijo.-

- Ricardo, ven a mi despacho.

Una vez en el despacho...

- ¿Le has mandado el mensaje?

- Si, señor.

- ¿Ha contestado?

- Aún no...

- Esta bien, debemos de pensar, mi hija es muy lista, y vá a conseguir escapar de la hacienda.

- No señor, en mi hacienda, no hay ninguna otra salida que la puerta principal, y por mucho que pida ayuda o grite, no la vá a oír nadie...

- Eso espero... pero de todas formas no estoy seguro... debemos de pensar en algo, llevarla fuera del país, lejos, y dejarla allí...

- ¿Abandonada?

- Si abandonada, que sufra lo que sufrí yo, cuando ella nos dejó para irse con ese inútil.

- Señor, creo que ya sería demasiado...

- ¿Qué os pasa hoy a todos? ¡Que sensibilidad la vuestra! Primero mi esposa, ahora tú, Ricardo, más vale que hagas lo que ordeno, porque sino...

Mi madre escuchaba tras la puerta, fue a la cocina, pidió a Henry (El mayordomo), que buscase en el despacho de mi padre algún documento que le indicase, dónde estaba la hacienda, para ir a buscarme. Entonces, mi madre, hizo como que se caía para que Henry pudiese entrar hasta el despacho y buscase la dirección rápidamente.

- ¡Ay! ¡Alfonso! ¡Ricardo! ¡Ayuda por favor!

Y lógicamente fueron en su “rescate” mientras Henry entraba en acción. Entró en la habitación. Buscó por todos los cajones pero no encontraba nada, y era imposible que hubiese un documento con la dirección de la hacienda. Salió del despacho. Mi madre decía que ya se le había pasado. Mi padre y Ricardo, volvieron a su despacho. Henry tuvo una idea.

- Señora, no hay ningún documento que lo identifique.

- ¡Mierda! Entonces... ¿Qué podemos hacer?

- Había pensado, en perseguirlos la próxima vez que vayan para la hacienda... ¿Qué le parece?

- No Henry, es muy arriesgado... nos podrían pillar, además sabes de sobra que no puedo salir de casa, mi marido me lo tiene prohibido.

- Bueno, puedes decirle que debes hacer unas compras en el mercado...

- Henry, te vá a mandar a ti.

- Le dices que he caído enfermo. Esmeralda, ¿Usted quiere a su hija?

- Pero por favor Henry, ¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que la quiero, lo que pasa esque estos años atrás Alfonso me tenía como... “poseída” no se...

- Pero aún no es tarde, haga lo que le digo, y si sale mal, pensaremos en otra cosa...

- No dará tiempo a pensar en otra cosa, porque si mi marido nos llega  a pillar, no podríamos volver a pensar en ningún plan más.

- Inténtalo...

Mi madre se sentía confusa, sin saber que hacer, ya que mi padre... era un animal y podría hacer de todo, menos de nada.

En el despacho...

- ¡Mira señor! Alejandro ha contestado...

- ¿Qué dice? ¿Qué dice?- Dijo mi padre desesperado.

- <<Amor, ¿Qué ocurre? Mañana nos vemos, voy a ir a la hacienda dónde me dijiste, ¿Te han hecho algo esos tipos?>>

- Uhm... con que Alejandrito sabe toda la movida, no es de extrañar. Envíale... <<Por favor, no me llames amor, lo nuestro es pasado, déjame en paz, olvídame...>>

- Está bien...- Y Ricardo, inmediatamente, lo mandó.

- Ricardo, vamos hacer lo que yo he dicho, Alejandro si o si, vá a ir a la hacienda, por lo tanto tenemos que llevarnos a mi hija, esta misma noche, ¿entendido?

- Si, señor.

Henry, que escuchaba tras la puerta, avisó a mi madre.

- Señora, esta noche van a ir a recoger a su hija, y van a llevarla lejos.

- Henry, prepara todo, porque cuando ellos se vayan, nosotros les perseguiremos...

- Señora, pero deberíamos coger a su hija, antes que ellos.

- Si, tienes razón... Está bien, pues vamos ahora. Voy a hablar con mi marido. Espere aquí. ¡Alfonso! ¡Alfonso!

- ¿Qué quieres Esmeralda? Estoy ocupado...

- Voy a salir.

- ¿A dónde?

- Al mercado con Henry, le quiero indicar unos nuevos alimentos que debe de comprar.

-Está bien... pero no tardes, que yo me tengo que ir.

- Bueno, vete, yo tengo llaves ¿Y adónde vas otra vez?

- Con Ricardo. Vuelvo mañana.

- Está bien, yo no sé cuanto exactamente voy a tardar pero me llevo las llaves por las dudas.

- Si, mejor... Hasta mañana.

- Adiós...

Mi padre había cedido. Raro, se vé que aceptaría porque estaba contento ya que sus deseos se iban a cumplir... o no.

Mi madre y Henry, subieron al coche...

- ¿Hacia dónde me dirijo señora?

- Eh... es verdad... sino sabemos dónde es... Estaciónate en la carretera Km. 456 a las afueras de Mollina, allí esperaremos a mi marido...

- Le vuelvo a repetir, que debemos de llegar nosotros antes para poder salvar a su hija.

- ¡Ay Henry! No me estreses, esa es la única opción que nos queda, ya pensaremos algo en el camino. ¡Arranca!

Y con el estrés de mi madre, Henry arrancó...

- Ricardo, coge tus cosas, comida y demás para el camino, porque nos vamos ahora mismo.

- Señor, ¿Ya?

- Si Ricardo, no podemos perder tiempo. Mi hija no es tonta. Ya sabes que mañana vuelve  Alejandro, o ¿esque no has leído el mensaje?

- Está bien, Señor.

Se pusieron en marcha, a prepararlo todo, y en media hora estaban listos.

- Señor, antes de que zarpemos... ¿Cuánto me vá a pagar por esto?

- ¿Con qué solo lo haces por dinero? ¿No?, Ricardo, no tenemos tiempo para pensar en eso. Cuando lo hayamos echo, pensaremos en dinero. Pero tu tranquilo, que si todo sale bien, te espera una gran recompensa. Te lo aseguro.

- Está bien. Vamos señor.

Y se pusieron en marcha.

Mi madre y Henry, metidos en el coche, hablaban...

- Señora, ¿le puedo preguntar algo?

- Si claro, dime Henry

- ¿Por qué se casó con el señor Alfonso?

Mi madre... suspiró...pensó...

- ¡Ay! Henry... esa pregunta es tan complicada de responder... Alfonso no era el mismo cuándo yo lo conocí... era todo lo contrario, una persona tierna, dulce... lo que una mujer buscaba en un hombre. Pero cuando nación Adelaida, cambió radicalmente... nunca he sabido el por qué, y debe de tener sus motivos.

- ¿Y por qué usted ha cambiado de opinión sobre su hija?

- ¿Cómo? No entiendo lo que quiere decir...

- Si, ¿Por qué antes no ayudaba a su hija cuándo Alfonso...?

- Porque, antes yo no era la misma, y estaba completamente ciega...

- ¡Señora! ¡Su marido y Ricardo!- Gritó Henry

- Adelante, ¡persígalos!

Henry arrancó y no dudó un segundo en perseguirlos...


                                              CAPÍTULO 4

Yo en la hacienda, buscaba una salida... Era imposible salir de aquel lugar, con la gran hacienda que era y no había ninguna otra salida, entonces pensé que había sido una inútil y me eché a reír... LAS VENTANAS... ¿Cómo podía haber sido tan tonta de no haber tenido esa idea mínima de salir por la ventana? Entonces bajé las escaleras hasta la planta baja, entré en la cocina. La ventana lógicamente estaba cerrada, había un cristal, podría romperse... pero necesitaba algo para poder romper la verja oxidada y podrida que tenía, entonces revisé en el trastero para poder encontrar un utensilio que pudiese romper la verja. Había un montón de cajas llenas y cerradas en aquel lugar, y yo no tenía tiempo para poderlas abrirlas todas. Ya que me olía que estarían al regresar. Cuándo ya tenía abiertas 6 cajas... escuche el motor de un coche... Rápidamente me asomé por la ventana que hay al lado de la puerta principal y mi oído no me había fallado. Mi padre y Ricardo. Me puse a llorar, ya que no me quedaba optimismo en el cuerpo... Fui al trastero de nuevo abrí unas 2 cajas más... luego 3 más... Hasta que al fin... encontré la herramienta que buscaba. Me paré a pensar que ya deberían haber entrado, me asomé de nuevo. No veía a nadie. Sin pensarlo dos veces, me dirigí a la ventana de la cocina, por la cual iba a salir, y empecé a machacar la verja, en menos de un minuto tenía la salida.
Al romper la verja, salté, ya que había unos dos o tres metros aproximademente, rodeé la casa, hasta llegar a la esquina de la puerta principal. Asomé media cabeza, ví el coche aparcado y a mi padre y Ricardo, entrando... A los quince segundos de ellos entrar, llegó otro coche. Entonces me puse nerviosa y eché a correr por aquel bosque que anteriormente usé para “escapar”. Sentí cómo bajaban aquellas dos personas extrañas, cerraban la puerta, y se dirigían hacia a mí. Corriendo. Entonces yo más corría. Me perdieron la pista, y yo se la perdí a ellos. Entonces ví como una especie de cabaña, pequeña casa o bungalow , golpée desesperadamente, me abrió un viejecito muy adorable. Le pedía ayuda. Y amablemente, me dejó entrar. A los cinco minutos de yo descansar le expliqué toda la historia con pelos y señales...

-         ¿Quiéres un vaso de agua muchacha?- Me dijo.
-         No, gracias- Contesté.
-         Una historia verdaderamente muy fuerte.
-         Si, ¿Usted tiene teléfono?- Le pregunté.
-         No hija. Pero aquí al lado, en un pueblo, hay una gasolinera, ahí te dejarán llamar.
-         Está bien, necesito llamar a mi marido y explicarselo todo, ya que mi padre, me ha robado el teléfono.
-         Vámos, te acerco
-         No, gracias, ya voy yo. Muchas gracias por todo.
-         Insisto. Yo te acompañaré. El pueblo está cómo a uno 23 Km. Aproximadamente.
-         Déjelo. Muchas gracias, de verdad.
-         Pero ahora su padre estará al acecho, hija.
-         No me queda otra que salir de aquí, además he de buscarme un techo dónde pasar la noche.
-         Ésta es su casa. Podrías pasar aquí la noche. Y mañana por la mañana, te acerco y lo llamas.
-         ¿De veras? Muchas gracias.- Y de la alegría. Le dí un beso.
-         ¡Por cierto! No me has dicho tu nombre...
-         Adelaida y... ¿Usted?
-         Venancio.
-         Perdona por entrometerme pero... ¿Usted vive solo? ¿Y su familia?
-         Vivo solo. Hace dos meses me quedé viudo y solo viene a visitarme mi nieto. Alberto.
-         Vaya, lo siento...
-         Bueno, perdóname pero estoy muy cansado, y quiero dormir. Mi habitación es esa. La suya está al lado.
-         Muchas gracias, de véras.

Venacnio se fué a dormir, y yo me quedé sentada en el sofá pensativa. Ricardo venía mañana y debía de decirle todo lo sucedido y hacerle referencia de un lugar para poder encontrarnos. Pensé. Entonces golpearon la puerta. Me asusté. No me lo podía creer, me habían encontrado. Venancio, no salía de su habitación. Fuí a llamarlo.

-         ¡Venancio! ¡Venancio!
-         Dime, hija. ¿Qué pasa?
-         Están golpeando la puerta.
-         ¿A estas horas? Voy a ver...
-         No, ¿Y si es mi padre?
-         Tú escóndete.

Hice caso. Me escondí bajo la cama mientras Venancio abandonaba la habitación. A los 10 segundos entró con un muchacho.

-         Hija, puedes salir, es mi nieto Alberto.

Lentamente salí bajo la cama, y al ver a ese hombre bellísimo, fuerte y...

-         Hola, soy Adelaida- dije tarmudeando
-         Yo Alberto, encantado de conocerla. Perdóna por el atrevimiento, pero es usted una mujer bellísima.
-         Y usted... usted... ¿Alberto me ha dicho verdad?
-         Si.
-         Es un placer. Venancio, no quiero molestar, mejor me voy, muchísimas gracias por acogerme un tiempo. Muchas gracias, de veras.
-         No hija, quédese, hay espacio para los tres.
-         No, gracias, de verdad, no quiero molestar
-         No es ninguna molestia- Interrumpió Alberto.
-         Alberto por favor acómpaña a la señorita Adelaida a la habitación de arriba, porfavor.
-         Si, abuelo.

Y entonces me acompañó, no podía parar de mirarlo. Era un hombre precioso. Pero yo estaba casada y debía de controlarme. Subíamos las caleras y hubo un silencio incómodo. Al llegar a la planta de arriba y la última...

-         Ésa es su habitación.
-         Gracias. Buenas noches.
-         ¿Está casada? ¿Tiene...
-         ¡Porfavor! No se entrometa en mi vida personal.
-         Si, perdón. Buenas noches.

Me dormí pensando en Alberto pero a la vez en Alejandro. ¿Qué me estaba pasando?

Al día siguiente me desperté en aquel confortable dormitorio, lo divisé de arriba abajo. Tenía unos grandes  baúles que imaginé estarían repletos de ropa vieja y objetos ya no usados. En la pared, unos cuadros con fotos en blanco y negro en su interior. Supuse que sería la familia de Venancio. A los segundos entró Alberto.

-         Buenos días Adelaida.
-         Buenos días.- Dije yo en seco.
-         ¡Vaya! Al parecer no tenemos buen humor por las mañanas.
-         Perdón. Pero estoy muy extresada con pensar el día que se me viene encima.
-         Está perdonada. ¿Le apetece dar una vuelta por los alrededores?
-         Si. ¿Por qué no?- Dije yo sin pensar que mi padre y Ricardo y los otros dos individuos podían estar al acecho.
-         Pues porfavor.- Y me dejó salir primera de la habitación, que caballero.

Al bajar las escaleras escuché dos golpes seguidos en la puerta. Me asusté.
-         Voy yo, mi abuelo ha ido un momento al pueblo.
-         ¿Y si es mi padre?
-         Le digo que estás conmigo, no creo que se enfade.
-         ¡No!, abre y si me buscan dile que no me has visto, después le cuento.- Dije suiendo escaleras arriba.
-         Está bien. Y porfavor, no me trates de usted, yo creo que hay ya bastante confianza. ¿No crees?.- Y se dirigió a la puerta.

Yo me escondí bajo la cama.  Muy asustada.

                              CAPITULO 5

Mi madre y Henry pasaron la noche en el coche. Algo alejados de la hacienda, para que mi padre no se percatara de nada.

-         Henry, estoy muy asustada. No quiero que nos descubran, debías haber corrido más anoche hasta alcanzarla.
-         Señora, creería que seríamos algunos socios de su marido.
-         ¿Y ahora qué vamos a hacer? No se me ocurre nada.
-         Bajémonos y busquémosla. Es la única opción que nos queda, a la hacienda no creo que vuelva.- Dijo Henry muy acertado.
-         Pues vamos, ¿A qué esperamos?

Bajaron del coche, y echaron a andar por el frondoso bosque.

                                CAPITULO 6

Alberto se dirigia hacia la puerta, mientras yo, en la habitacion donde habia pasado la noche, me escondia bajo la cama.
Alberto miro por un huequecito roto que habia justo en el centro de la puerta principal y vio a dos hombres, corriendo subio hasta la habitacion y me conto como eran aquellos dos extranos para el, pero bien conocidos para mi. Eran Ricardo y mi padre, entonces me puse a llorar pensando que en ese mismo momento acababa mi historia. Alberto conto la idea de poder escapar por la parte de atras, justo con el patio, donde habia que saltar un pequeño muro, mientras tanto, mi padre seguia aporreando la puerta y a gritar desaforadamente:

- Abra la puerta senor!- Dijo- o tendre que abrirla yo.

Nosotros, por el patio, saltemos por el muro y nos adentremos en el bosque.

He aqui, donde comienza mi historia: TODO CONTIGO, NADA SIN TI.

1 comentario:

  1. Me Encanta tu novela, solo terminas de leer y terminas con ganas de mas!!! asi que terminala que estoy deseando verla, un beso cariño y mucha mierda!! :)

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