Autor: Óscar
López
"TODO CONTIGO, NADA SIN TI"
CAPÍTULO 1
-¡Hola mi vida!- me dijo él-
- ¿Cómo te fue el día mi
muñequito?
-Un poco
cansado mi reina, pero ahora estoy más feliz que nunca, al hablar contigo... ¿Y
a ti princesita? ¿Cómo te fue?
-Yo estoy en una pompa rosa pastelito, porque cada
día que paso junto a ti, la ilusión de mi corazón vá creciendo y cada día que
transcurre vivo más enamorada.
-¡OH!, dulce
flor, mi linda flor, tengo ganas de verte, abrazarte, y que tus labios rocen
con los míos, te amo más que a nadie mi niña, te amo más que a mi propia vida,
bella... Nos veremos mañana, ansioso porque llegue vida.
- Pastelito, mi dulce y tierno pastelito, tus palabras
son pura poesía que alcanza mi corazón cómo un gran eco. Cuánto más hablas, más
te amo. Por un beso tuyo ahora mismo daría mi vida y mi muerte, quiero verte,
tocarte, para saber que se siente al ser estrella y fuego, deseo verte, te amo.
-Ay mi reina,
mi princesa, mi vida, mi dulce y linda flor, que bellas palabras salen de tu
boca, esa boca tierna y dulce, caliente y deseosa, deseosa por juntarla con la
mía, sentir tu calor, tu dulzura, la noche es mi aliada, me hace ver la
estrella más reluciente del cielo, reluciente cómo vos, mi dulce y linda
flor...
- Quiero verte, sentirte, rozarte, abrazarte y
besarte, besarte y no volver a separar mis labios de los tuyos nunca más, hay
magia en tus ojos, en la sinceridad de tus palabras, en tus claros pensamientos,
te quiero.
-¡Ay! Cada
suspiro se convierte en besos para vos, al mirar tus ojos brillantes,
relucientes como una estrella fugaz, y al verlos pido al cielo no perderte
nunca, que jamás se suelten nuestras manos, que volemos juntos al universo, y
una vez allí, se desate nuestro amor, que hagamos el amor, lentamente, y a la
luz de las velas, que jamás se apaguen y dejen de alumbrar nuestro amor, ese
amor más grande que el mar, más amplio que el universo, te quiero cielo, te
quiero mi reina
- Se me hace un océano los ojos cuando pienso que
puedo perderte, cuándo nos separemos, no quiero que tu voz desaparezca de la
melodía de mis pensamientos, quiero quererte y tan solo puedo amarte, no te
extingas amor mío, no desaparezcas, porque sino muero, te amo mi rey
-Amor son
las 21:25 y he de dormir, soñar con mi reina, mañana debo viajar y lo sabes,
iré allí, dónde mi amada, espera los tiernos y dulces besos de su pastelito, te
amo mi niña, te amo mi pumpunchita, un beso cielo
- Dulces sueños corazón, me despido con el alma al
soñarte y con el corazón al amarte, sueña nuestra inmensa historia y hazla
infinita, igual que nuestro amor, besitos de chocolate de tu reina... Siempre
tuya corazón
-Adiós mi
princesa, que sueñes con tu amado príncipe y despiertes con el sabor de este,
esperame despierta y recoge los besos que dejé en tu puerta antes de partir, ya
sabes, mi destino es duro, pierdo una guerra, y pierdo todo, te pierdo a ti,
que eres mi tesoro, besos mi niña y recuerda: TODO CONTIGO, NADA SIN TI.
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Esa ha sido mi última conversación hasta el
momento que he tenido con mi esposo (Alejandro), son las 22:30 y sigo sin pegar
ojo, cada vez que hablo con él, me deja vacía pero a la vez llena, y hoy no
creo que pueda dormir, por lo que tengo ansias porque se haga de día y este
toque a mi puerta, Alejandro es mi amado príncipe, llevamos casados hace 5
años, el decidió ser militar y apuntarse al ejército, yo no quería separarme de
él, pero tuve que respetar su decisión, cómo él ha respetado muchas mías, lleva
3 años yendo a la guerra y por ahora no ha pasado nada malo, sólo cuento con
Dios para que le proteja de todo mal, todas las noches hablamos por teléfono,
hasta ahora no ha fallado ninguna, a no ser que me haya avisado de que tenía
cosas que hacer, él solamente puede venir una vez cada tres meses, y mañana
toca, ahora está en el extranjero, por lo que el vuelo sale mañana bien
temprano y supongo que estará aquí poco más de mediodía... solamente podrá
estar una semana (como siempre) pero me basta, ya que no puede quedarse más...
Yo me llamo Adelaida pero todos me llaman por Adelain aunque mi pastelito me
llama de tres mil maneras diferentes, pero me encanta que sea así de romántico
y tan puro... Alejandro estuvo casado, pero su mujer falleció de cáncer. A los
ocho meses lo conocí yo... que cada día doy gracias a Dios porque haya hecho
que me cruce en el camino de este magnífico hombre. Mis padres jamás aceptaron
la idea de que estuviera con Alejandro jamás lo han aceptado, o mejor dicho
jamás me han aceptado a mí. Mi madre es la sombra de mi padre, siempre lo ha
sido, pero la pobre no puede hacer nada...
Al día siguiente apenas amaneció ya estaba
despierta, eran como a eso de las 07:15, llamé a Coraline (La sirvienta) para
que me fuese preparando el desayuno, y así lo hizo, como siempre tan obediente,
lleva conmigo trabajando unos ocho años y todavía no me he arrepentido de
contratarla, recuerdo que empezó en casa de mis padres, tenía yo unos...17 años
y ahora tengo 25, también trabajaba con mis padres, y ella quiso irse, porque
un día mi padre quiso violarla, ella vino a mi corriendo y desesperada. Eso
pasó unos días después de yo marcharme de casa de mis padrea. Llorando me pedía
que la ayudase, yo no podía hacer nada, nada más que ofrecerle trabajo, y hasta
entonces siempre ha sido para mi, la mejor sirvienta, después de tomarme el
desayuno tranquilamente y ver un poco el telediario recibí una llamada anónima
que me puso el corazón en la boca, fue un susto terrible... Alejandro, mi
marido había tenido un accidente, no de avión por suerte, fue en autobús en
dirección al aeropuerto, y no había pasado nada, estaba en revisión pero no era
nada malo, y el anónimo me dijo que debía de esperar tres meses más para verlo,
mi contención era inadaptable, no podía contenerme, entre el susto y el no
poder ir a verlo, ni que él pudiera venir a verme a mi, me dejó un poco
exhausta. Suerte que Coraline estaba ahí para sujetarme y darme todo su apoyo,
el anónimo no quiso decirme su nombre, por lo que más me asusté, y me puse tan
nerviosa, pero al rato, recibí una llamada de Alejandro, y mis dudas sobre el
anonimato huyeron ya que no importa nada más que mi esposo...
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-Cariño...
- No te preocupes ya me han avisado por teléfono
sobre tu accidente
-¿Quién?
¿Cuándo?
- Eso no importa pastelito, dime, ¿Cómo estás?
¿Debo de esperar otros tres meses?
- Espero que
no mi reina, si él Doctor, me dice que todo está en orden, podré coger el
próximo avión, aunque llegaré algo más tarde...
- Amor, si hace falta que te quedes, debes
quedarte, la próxima vez nos vemos y no hay más
- No mi
amor, llevo tres meses esperando este día, y no precisamente para esperar otros
tres...
- Pastelito, no seas necio, es mejor que te
recuperes y estés en observación durante unos cuántos días...
- No
insistas princesa, porque bien sabes que no vas hacerme cambiar de opinión.
- Si, también lo sé... sé lo testarudo que es mi
esposo...
-Bueno amor,
debo de dejarte, que el Doctor, estará apunto de llamarme, nos vemos en unas
cuántas horas ¿si?
- Por supuesto, aquí te espero muñequito... con
ansias...
-Perfecto...
pues al rato nos vemos. Un beso enorme
- Alejandro, un momento
- Dime
Adelain
-Te amo
-Y yo a
ti... Más que tu a mi...
- Recuerda.... TODO CONTIGO, NADA SIN TI.
-Todo
contigo, nada sin ti
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Alejandro siempre tan testarudo, hace lo posible e
imposible por verme, unas cuántas horas más debía de esperar... y no fueron
rápidas se me pasaron muy lentamente, pero llegó el momento, eran las 23:45
cuándo llegó, pero yo aún seguía despierta con mi esperanza, y mi esperanza no
me falló... Ahí estaba detrás de la puerta, cuándo la abrí me lancé sobre él,
cómo alma que lleva el diablo, y no paraba de besarlo, y besarlo... y
besarlo...
Hablando toda la noche, nos quedemos dormidos
encima de la cama sin deshacer... A la mañana siguiente cuando desperté,
Alejandro me trajo el desayuno a la cama... siempre tan tierno y dulce... (Como
un pastelito)
Me dijo que después de desayunar íbamos a ir a un
lugar especial... y cuándo Alejandro dice especial, esque es especial, con ansias
por descubrir aquel lugar tan especial, tomé el desayuno rápidamente, me vestí
y nos pusimos en marcha en rumo a ese lugar tan especial... Caminamos durante
unos veinte minutos, pero la espera mereció la pena, era algo maravilloso,
mágico, ESPECIAL... todo plagado de árboles, todos juntos con otros, una
cascada magnífica, que jamás podía imaginar, un espléndido sol, unos pájaros
cantaban en lo alto de las copas de los árboles, algo precioso... Alejandro
empezó a cantarme una canción compuesta por él... al principio me reía, porque
jamás lo había escuchado cantar, pero luego, empecé a darme cuenta de la
letra... decía algo así...
<<Hace ya días, que pensaba en ti,
Y no podía dormir, y sentía
Que me iba a morir...
Fácil de amar, y difícil de olvidar
Te tengo tan lejos y en mis pensamientos
No paro de pensar, en ti, porque quiero estar junto a ti...>>
Luego pasemos por un puente muy viejo que daba
miedo pasar, por si nos caímos... y luego justo al final... había un tremendo
muro de rocas... enorme... y justo debajo nos sentamos... y comenzamos hablar:
- ¿Estás
contenta dónde te he traído?
- Estoy muy contenta, y más que me hayas traído
tú...
- Amor,
quiero decirte una cosa... por muy lejos que esté, jamás te olvides de mí, de
mis besos, de mis caricias...
- ¿Qué dices? Eso no vá a pasar, pastelito... ¿Por
qué temes?
- No es
temor, es miedo simplemente, porque no quiero perderte...
- Date por seguro, que jamás me vas a perder, por
muy lejos que estés o por muy cerca... siempre voy a estar esperándote mi
príncipe...
-Princesita,
dulce y tierna, espero que nuestra felicidad no se acabe jamás...
- No se vá acabar, tranquilo... Estés dónde estés
yo siempre estaré contigo... TODO CONTIGO, NADA SIN TI...
- Mi amor, y
si algún día la guerra...
- Cariño, no pienses en eso... eso no vá a
pasar...
- Pero y
si...
- Si nada... ¿Te puedo besar?
- ¿Eso desde
cuándo se pregunta? Pues claro...
Y estuvimos todo el rato besándonos, riéndonos,
gastándonos bromas y de más... luego llegaba la parte en la que yo decido
quitarme la camisa, el decide quitarse la suya... Éramos cómo adolescentes,
estábamos en la flor de la vida... tenía 25 años... y el 28... Disfrutábamos
cómo críos, cómo los adolescentes, que se mueren por una primera vez, eso
parecíamos, cómo si fuese nuestra primera vez que íbamos hacer el amor... pero
para estropear el momento... Vi unos pies... y cuándo alcé la mirada... me di
cuenta que no eran unos pies simplemente sino que llevaba cuerpo encima... y la
cara me sonaba un montón... hasta que dejé la “adolescencia” por una parte y
volví al mundo real... ERA MI PADRE
- Papá ¿Qué haces aquí? -le pregunté-
- Me
pregunto ¿Qué haces tú? Yo pasear pero tú... Adelain, que tienes 25 años....
- ¿Tienes algún problemas papá?
- Yo
ninguno, pero ya es hora de que madures...
- Yo estoy lo suficientemente madura...
Todo esto hablando, mientras Alejandro intentaba
ponerse la camisa...
- Adelain,
no empecemos... que puedes acabar muy mal
- ¿Por qué no te largas de una puñetera vez y me
dejas en paz?
- Te prohíbo
que le hables así a tu padre –me dijo como si fuese una tercera persona la que
hablase-
- ¡¡¡Lárgate!!!
Entonces me cogió del brazo y me levantó del suelo
dónde yo estaba sentada
- no retes a
tu padre, porque pierdes... Aún no me conoces...
- ¡Papá! ¿Te das cuenta? No te conoces ni tu mismo
- Luego no
vengas arrepentirte
- ¿Arrepentirme de qué? -Le dije mientras se iba-
Entonces largué a llorar, porque no podía más con
la sobre carga que mi padre me echaba encima... Y Alejandro tan tierno me
besaba y me abrazaba fuertemente...
- Cariño...
¿será capaz de hacer algo?
- Espero que no... –Le dije no estando segura de
la situación ya que mi padre se atreve a cualquier cosa-
Después de un rato de charla sobre el viaje, nos
fuimos a casa, sabiendo que mi padre, ya había descubierto el lugar dónde
nosotros estábamos, esto queriéndome decir, que nos había vigilado y
perseguido.
Cuándo lleguemos a mi casa... Caroline nos tenía
preparado el almuerzo... Y después de comer Alejandro tiene la costumbre de
echar una siesta como de una hora aproximadamente. Aprovechando la situación,
fui a casa de mis padres para solucionar esta “mierda” (Con perdón) de
inmediato...
Allí me abrió Henry, el mayordomo, y esperando en
el salón cómo si fuese una invitada, no de la familia, sino cómo una
invitada... A los 10 minutos de larga espera apareció mi madre con ganas de
joderme la vida...
- Hija –me dijo en tono
quejumbroso-
- Hola, ¿Puedo pasar? ¿O espero a que el Señor me
dé permiso?
- No hija,
claro, pasa... y no grites a tu padre
- Claro que no, mamá... claro que no... –Dije yo,
en forma irónica-
Una vez en el despacho de mi padre, le quise
aclarar unas dudas:
- Principalmente he venido aclararte que no pienso
tolerar ni tus insultos, ni tus tocamientos contra mí.... principalmente porque
soy mayor de edad...
- No lo
demuestras
–Dijo interrumpiéndome-
- Escúchame –proseguí- ¿y de que me voy a poder
arrepentir yo? De absolutamente nada...
- De nada,
bueno, cuándo te deje sin casa, sin dinero... no vengas pidiendo LIBRO DE
RECLAMACIONES
–dijo encendiéndose su pipa de los 60’-
- ¿Sin casa?
- Adelain,
te recuerdo que todo lo que tienes, me pertenece...
- No serás capaz de dejar a tu hija, sin casa...
- Que vá... te
digo esto para que vayas haciendo idea... de qué en unos días... empiezo a
demoler todo tu hogar... búscate la vida... con Alejandro...
- Sabes perfectamente que Alejandro no está
conmigo todos los días, que solo puede venir una semana cada tres meses, porque
está en el ejército...
- Apúntate
tu también... hacéis muy buena pareja... –riéndose-
Yo salí de aquel lugar, porque sabía que no iba a
llegar a ningún lado... sino cogía un cuchillo y empezaba a demoler yo...
En cuánto despertó Alejandro le conté todo lo que
me había dicho mi padre, y el se sentía lo mismo que yo... NO SABER QUE HACER
CUÁNDO UN PADRE TE DEJA SIN HOGAR, se me acababa el mundo, yo no disponía de
dinero para hacer absolutamente nada, desesperadamente Alejandro y yo, nos
pusimos a llorar...
Los días siguientes fueron desesperantes,
Alejandro buscaba soluciones, en bancos... y de más... pero no lograba
encontrar nada... yo buscaba trabajo como dependienta de algún puesto... de
bailarina en cualquier cantina... pero no hubo suerte por ambas partes,
Alejandro y yo volvimos a casa muy desilusionados, yo no sabía ni que iba a
pasar con nosotros, ni tampoco con Caroline, yo pagaba a Caroline desde la
cuenta de mi padre... A ver... voy a empezar desde el comienzo de la
historia...
Cuándo yo tenía 17 años, empecé a conocer a
Alejandro, éramos simplemente amigos, desde aquel momento que empecé a conocer
a este, mis padres ya no me soportaban, pero yo seguí luchando por él... Fue
cuándo mi padre empezó a lastimarme no solo psicológicamente también
físicamente, pero aún no tenía dónde ir, entonces, empecé a hacer caso a mis
padres, hice cómo que jamás había vuelto a ver a Alejandro, cosa que no era
cierta, porque nos veíamos todos los días, entonces, cuándo llegué a los 19
años, le pedía mi padre que me comprase una casa cerca de la suya, y él
sorprendentemente accedió, cómo el dijo, ese iba a ser un obsequio por ser tan
buena hija, y efectivamente así fue, mandó a preparar una casa, y me dio su
cuenta del banco para pagar a la servidumbre y demás gastos, en definitiva
empecé a vivir en mi nueva casa a los 19 años, y al año siguiente me casé con
Alejandro, con los impedimentos de mi padre, pero acabó “aceptándolo”
diríamos....
Me encontraba en una situación difícil, sólo tenía
una opción pero era bastante inútil, sacar todo el dinero de la cuenta,
comprarme una casa, lejos con mi marido, y llevarme a Caroline, pero eso de
llevarse todo el dinero, sonaba un poco peligroso, era muchísimo dinero el que
debía de llevarme en mano... pero no iba a hacer eso, directamente me hice una
cuenta a nombre de mi marido y mío, y una vez allí ingresé el dinero, ahora mi
padre podía hacer lo que se le antojase.
Mañana mi marido debía de marcharse de nuevo a esa
gran afición y trabajo dónde lo esperaban... El ejército. Se iba con mucha
lástima pero debía de irse, yo le mantendría al tanto de todo. La noche pasó
rápidamente y en cuánto amaneció mi marido cogió sus cosas y se marcho dándome
un beso en la frente, un beso significativo para mí. Al rato de que se fuese,
yo me levanté, tomé el desayuno, y empecé la mudanza, ya que mi padre había
dejado una carta tras la puerta que me avisaba de que en unos días la máquina
demoledora iba a emprender su función, Coraline, y de más servidumbre que
solamente me permití el lujo de contratar para la mudanza, me ayudaban a ello,
empaquetando las cosas del trastero, había una caja muy antigüa, hacía años que
no veía el contenido de ella, cuándo la abrí eran fotos cuándo yo era pequeña,
y fotos de mis padres conmigo, se veían muy cercanos a mi, qué lástima que
ahora no sea igual. Las lágrimas no se sostenían de los ojos, y entonces me
puse a llorar, ya que es algo muy grande la falta de no tener padres para que
te apoyen en lo bueno y en lo malo, qué se lo digan a mi marido, que cuándo fue
pequeño, sus padres murieron en un viaje de coche, y sólo vivió el y su abuela
(que ya murió) y de vez en cuándo se pone a recordar, y se echa las manos a la
cabeza, porque la falta de padres es en realidad, no tener vida, porque ellos
lo son todo... pero sin ponerme peor de lo que estaba, intenté olvidarme... y
proseguí con la mudanza...
Así continuaron los siguientes días, es tan grande
la casa, que no se acaba en tan solo unas horas. Así le fui contando a
Alejandro. Y llegó el día DEMOLEDOR, mi padre tocó a la puerta, y me pidió que
le entregase la cartilla de la cuenta, con su respectivo dinero, y ahí se me
acabaron las palabras... me quedé en blanco y lo que único que pude soltar
fue...
- Ya... me lo había gastado
- ¿Cómo que
ya acabaste el inmenso dinero que había en la cuenta? –Dijo no creyéndose nada
de lo que le dije-
- Si... lo siento... cuándo quieras puedes
demoler... yo ahora me buscaré la
vida... –dije dirigiéndome a la puerta para escapar-
- Adelaida,
no te vas a ningún lado, hasta que no me entregues todo el dinero de la cuenta
- Pero ya te he dicho que no tengo absolutamente
nada, con la mudanza se ha acabado todo, si quieres yo te doy la cartilla,
pero... te aviso que no hay dinero
- Más te
vale, que esté aquí todo, porque sino...
- ¿Por qué sino qué? ¿Papá? ¿Por qué sino qué?
- Acabarás
bajo tierra
–me dijo amenazándome y se largó-
Debía de marcharme lejos de allí, antes de que
volviese y me matase de cualquier forma, maltratándome o simplemente matándome,
mi padre tiene la sangre muy fría... Llevaba dos camiones de mudanza, les dije
que se dirigiesen hacia el norte, que allí buscaríamos algo... Yo entré en la
limusina y Ricardo (El chofer) arrancó... eché la mirada atrás y vi que sólo un
camión nos perseguía, el otro había tenido un problema, por lo tanto, tuvimos
que dar marcha atrás... rápidamente, antes de que mi padre volviese enfurecido,
llamemos a Don Pepe, el mecánico, y puso todo en orden, a la hora de zarpar,
Coraline debía de ir al baño, y yo ya veía a mi padre subiendo camino arriba...
- Coraline, date prisa, ¡corre!
- Ya voy
señora –escuchaba-
Mi padre, cada vez estaba más cerca, y yo no sabía
si subirme a la limusina o esperar fuera a que Caroline saliese, esperé, ésta
salió rápidamente dejando la puerta abierta, y nos montemos las dos en la
limusina, pero ya era demasiado tarde, mi padre, se había puesto delante del
auto, sin movilizarse, y gritando:
- Quiero mi
dinero Adelaida, quiero mi dinero, acabo de
averiguar que has sacada todo el dinero de la cuenta... entrégamelo
- Papá quítate –gritaba yo-
- Hija por
favor, hablemos
–me dijo entristecidamente-
Yo no podía caer en una de sus trampas, entonces
vi que Caroline, bajaba del auto...
- Caroline, ¿Qué haces? –Grité yo-
- Váyase
señora, ahora
–me decía mientras quitaba a mi padre del medio-
- Caroline, sube al coche, vámonos –entonces
Caroline, soltó a mi padre y éste cayó al suelo-
Caroline volvía corriendo, abrió la puerta, pero
mi padre le agarró del pié y no pudo sostenerse que calló al suelo desaforadamente.
- Váyase
usted señora, váyase...
- Caroline, no puedo dejarte...
- Váyase –me gritaba-
- Arranque Ricardo –dije mientras este ponía el
contacto-
Alcé la mirada atrás y vi como Caroline,
despiadadamente quedó tirada en el suelo, también pude comprobar su rostro,
pude comprobar que lloraba, al igual que yo. Porque podía ser, que jamás
pudiese volver a verla. Los camiones de la mudanza nos seguían, yo le dije a
Ricardo que no los perdiese, porque yo probablemente me iría a quedar dormida, y
así fue, me quedé plácidamente dormida...
Cuándo desperté, vi que el coche no se movía, y le
pregunté a Ricardo que era lo que estaba pasando. Y este no me contestaba
porque tenía el cristal que separa del conductor a los asientos de atrás
cerrado, y era imposible que me escuchase, intenté levantarme para ver por
dónde íbamos, y pude comprobar que no íbamos muy lejos porque conocía el sitio,
me incorporé en el asiento y pude ver que Ricardo hablaba por teléfono,
entonces puse el oído y solamente pude escuchar... <<Ya la llevo
conmigo>> <<Tranquilo>> <<Me queda una media hora por
llegar>>. Me asusté, y lo primero que pensé fue que Ricardo estaba en
complot con mi padre, seguí con normalidad, le pedí que bajase el cristal, y
empezamos a hablar...
- ¿Adónde vamos Ricardo? –Le pregunté yo-
- A un lugar
seguro que conozco.
- No, Ricardo, yo le indico, vayamos al Norte,
lejos...
- Adelaida,
es mejor que me haga caso, el lugar es seguro.
- Ricardo, le digo que vamos al norte.
- Señora... –Replicó-
- Ni señora ni nada, los camiones también vienen
con nosotros.
- No
importa, por favor, confíe en mí...
Yo ya no sabía que hacer, lo mismo todo lo que
estaba pasando me había afectado algo, y solo pensaba en lo mal, pero sólo
tenía estas opciones:
a) O me vá a llevar con mi padre, de ahí la frase
<<La llevo conmigo>>
b) O que lleva algo, que debe dársela a un
compañero...
Entonces le pregunté:
- ¿No tienes que pasar por ningún lado más antes
de acercarme a mí? –Le dije con indirecta-
- No, vamos
directamente –Me
contestó-
Entonces me quedé con la opción
<<A>>... pero no se que pasaba que Ricardo me transmitía
confianza... y dejé que pasara esa larga media hora... Y por fin lleguemos, era
cómo una especie de hacienda, una bonita casa, con un pozo, un espléndido
bosque... Un lugar muy bonito, Ricardo me explicó que esa hacienda era suya, me
dijo que era mía con la condición de pagarle por una cantidad inmensa, y yo
acepté, ya que disponía de un dinero también inmenso... Mis dudas se
resolvieron, fui una mal pensada, pero es normal, Ricardo, había trabajado
varios años con mi padre, y se puede esperar una de todo, menos de nada... cómo
dicen todo se pega menos la belleza...
Comencemos la mudanza, y en dos día acabemos...
poco a poco fui explicándole a Alejandro, y él tampoco se fiaba del todo,
también me dijo, que le iban a dar unas vacaciones, por algo que había
sucedido, y que en unos días estaba allí, le expliqué como llegar... y de
más...
Una vez acabada la mudanza, me metí en el
dormitorio, acordándome mucho de Caroline, de si lo estaría pasando mal...,
entonces sonó el teléfono, era Alejandro...
- Hola amor,
¿Qué tal el día?
- Bien, un poco cansada, tanto ajetreo me
estresa... ¿y tú? ¿Para cuándo regresas?
- Yo estaré
allí en dos días...
- Pastelito, dime, ¿Cuánto tiempo estarás aquí?
- Unos dos
meses, cómo mucho...
- Cuánto tiempo para tenerte entre mis brazos...
amor, estoy muy preocupada...
- ¿Por qué
mi princesa?
- No sé, todo esto me afecta... ni siquiera sé que
hacer...
- Amor,
tranquila, en unos días estaré contigo... y no deberás de preocuparte de
nada... No temas...
- Bueno, rey, dulces sueños... te amo... TODO
CONTIGO, NADA SIN TI...
- TODO
CONTIGO, NADA SIN TI... Que descanses reina... Dulces sueños...
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Una conversación corta, pero basta y sobra, en ese
momento tenía en mi interior, una buena parte, en la que venía Alejandro, pero
por otra, estaba gritando en rebeldía, porque me sentía extraña en aquel lugar,
echaba de menos a Coraline, y no me quitaba de la mente el hecho de que mi
padre me haya dejado sin casa... y que se porte así conmigo... En ese momento
en que hacía un repaso a mi memoria... tocaron a la puerta... Era Ricardo.
- Ricardo ¿Qué haces aquí?
- Adelain,
he venido a decirte algo...
- Ricardo, por favor, quiero dormir, y creo que no
debes entrar así a mi casa...
- Es mi
casa, Adelain
- No, ya te pagué la cantidad que me pediste...
- Adelain,
soy hombre, necesito algo más que dinero
Yo me asusté ya que sabía más o menos por donde
iba la cosa...
- ¿A qué te refieres Ricardo?
- ¿No lo
sabes? Sexo Adelain, sexo....- Me dijo el muy cerdo
- Yo no puedo darte eso... estoy comprometida, y
aunque no lo estuviese tampoco iba a darte ese capricho, no soy una de las
tantas fulanas con las que mi padre y tú
estáis acostumbrados a hacer el amor.
- Más vale
que me respetes, porque puedo echarte de mi casa.
Entonces tomé silencio, ya que él tenía el poder
de esta “lucha” porque no habíamos hecho ningún contrato de arrendamiento ni
nada por el estilo
- Mañana voy
a volver, piénsatelo, porque no sabes lo que te puedes llegar a perder...- me dijo mientras se iba
Vi por la ventana de mi habitación como montaba en
el coche, arrancaba y se iba, entonces no me lo pensé dos veces, cogí lo más
importante y me fui de aquel lugar, porque no había que fiarse, estaría
seguramente en complot con mi padre, salí a la calle, hacia algo de viento, salí
a caminar, no veía mucho, pero con las luces de los coches que pasaba me iría
guiando más o menos, cuándo llevaba más de 32 Km. Aprox. Me eché la mano al
bolsillo, y noté que se me había
olvidado el teléfono. No tenía ganas de volverme a por él, pero debía de
hacerlo para contarle todo lo sucedido a Alejandro, entonces con mucha pereza y
cansancio me volví. Cuándo llegué vi de nuevo el coche de Ricardo, al lado
había otro vehículo, pero la oscuridad no me dejaba visualizarlo correctamente.
Me acerqué con mucho cuidado y observé la matricula. Era el vehículo de mi
padre. Pensé que había hecho bien en irme, porque ahora mismo no sé dónde
estaría, pero por otro lado pensaba que no sabía que hacer, debía de coger el
teléfono y largarme solamente. Entonces me armé de valor al pensar en
Alejandro, y entré cuidadosamente a la entrada, no se escuchaba absolutamente
nada, simplemente el ruido de los árboles con el viento, entonces pasé a la
segunda planta, allí ya se escuchaba algo:
- ¿Dónde se
ha metido Ricardo? Tú me dijiste por teléfono que estaba aquí.
- Señor, le juro que estaba aquí hace una media
hora aproximadamente, aquí están sus cosas....
Entonces supe que estaban en complot, y no era de
extrañar. Oía que venían para la planta de abajo en la que yo estaba, entonces
me metí en un desván, noté que se acercaban, y lo noté aún más cuando uno de
los dos agarró el pomo de la puerta para abrirlo, justo tuve que meterme ahí...
con las miles de habitaciones que había en toda la hacienda. Justo en el
momento en el que abría la puerta, se escuchó un ruido en la puerta principal.
Entonces oí como mi padre decía:
- Ricardo,
vamos que está aquí, estoy seguro
Escuché los correteos hasta la puerta
principal, y ese era mi momento para
subir a la segunda planta, coger el teléfono, y largarme... Salí
disparatadamente, saltaba los peldaños de la escalera de dos en dos, llegué a
mi habitación, fui hacia la mesita, pero no veía nada, ya que no encendí la luz
del miedo que llevaba encima. Fui a encenderla, pero escuché la puerta
principal cerrarse con brutalidad. Mierda. Subían para arriba, me escondí bajo
la cama. Entraron en mi habitación.
- Señor, que puedo hacer.
- Lárgate,
eso es lo que debes hacer. ¿Le pediste el precio por la hacienda que te dije
no?
- Si, ya lo he depositado en la cuenta que me
diste.
- Por lo
menos, has hecho algo en condiciones.
- Señor, yo le juro...
- ¡Cállate!
No podemos perder más tiempo. Pensemos. Mi hija no es tonta. Se habrá olido
algo, y habrá tomado camino, no estará muy lejos. Ricardo vé por los
alrededores y echa un vistazo, mientras me quedaré yo aquí en la hacienda.
- Si, señor
Ricardo ya se había ido, pero mi padre no se
movía, seguía ahí...
- Dónde te
has metido Adelain, dónde...- decía y repetía una y otra vez, entonces, acto seguido,
abrió la puerta y subió a la 3ª planta. Yo logré encender la luz, fui hacia la
mesita de noche, y una vez allí, una lámpara, una funda de unas gafas de
Ricardo y mucho polvo, ¿El teléfono?
- Dios mío, ¿y mi teléfono?- Me dije, debía de
llamar a Alejandro y contarle todo lo sucedido.
Me fui de aquella habitación dejando la luz
encendida cómo una inútil, fui a la cocina creyendo que cabía la posibilidad de
dejarme el teléfono allí. Buscaba y buscaba, pero no había rastro. Oí a mi
padre gritar mi nombre, y bajando las escaleras, cómo no es tonto, vio la luz
encendida. Bajó para la primera planta dónde yo me encontraba, muy nerviosa,
fui hacia el garaje, una vez allí, no podía moverme, ya que no tenía salida. Me
situé tras la puerta. Repetía y repetía mi nombre mil veces. Cuándo terminó de
revisar todos los aposentos se dirijo hacia el garaje, puso la mano en el pomo,
giró la ruedecilla de este y justamente al abrirla, entró Ricardo por la puerta
principal.
- Señor, no hay rastro de ella.
- ¿Pero cómo
puedes ser tan inútil?- fue corriendo hacia él, y le arreó un par de guantadas, yo
abrí la puerta dejándola entornada, para mirar el panorama de poder escapar.
Pero Ricardo tirado en el suelo...
- ¡Ahí está!- Gritó el muy cínico
Yo salí corriendo porque aún cabía en mí, la
posibilidad de escapar. Pero desafortunadamente mi padre me cogió del brazo
brutalmente y me arrojó contra la puerta
del garaje.
- ¡Tú! Falsa
imitación de la viva imagen de tu madre- Me dijo-
Yo me levanté, fui hacia él con un valor inmenso
que probablemente tenga por pensar en Alejandro y le di una guantada en mitad
de la cara. Después de este acto que no me arrepiento de hacerlo (al contrario)
cogí la puerta aprovechando que estaban los dos en el suelo y me largué. Fui
corriendo hacia el frente de la hacienda dónde había un bosque, era mi mejor
remedio para escapar, ya que si hubiese ido para la carretera hubiesen cogido
el coche y me habrían perseguido. Me adentré en el frondoso bosque, no veía
nada, escuchaba las hojas moverse por el viento y el gemir de los animales,
estaba aterrorizada, llegué a un rió seco. Allí me detuve y me senté por el
cansancio, ellos ya me habían perdido la pista. Lloré porque no podía
comunicarme con Alejandro que venía en dos días. Miré el reloj, eran las 2:32
exactamente de la madrugada, no sabía que hacer...
CAPÍTULO 2
Si seguía en el bosque podría perderme, entonces
recordé un documental que vi en televisión, y me hizo recordar algo, si se seguía
un río, llegarías a un pueblo o una barriada, hice caso, y así fue, llegué a un
pueblecito que jamás había visto y sentido. No había nadie en la calle, y no
era de extrañar. Por suerte había una gasolinera de estas que están todo el día
y toda la noche en función. Una gasolinera 24 h. Allí me acerqué, había un
hombre y no lo dudé, empecé a interrogarle.
- Buenas noches, señor- le dije
- ¿Qué desea
señorita?
- Ayuda, por favor- y al decir esto, me desmayé.
Una vez que me desperté, 2 horas aproximadamente
más tarde, vi como los agentes sanitarios dejaban la habitación... ¿Agentes
sanitarios? ¿Habitación?... Todo era muy raro, pero aclaré mis dudas al ver a
mi padre y a Ricardo entrando al día siguiente...
- Hola hija,
¿Cómo estás?- Me dijo mi padre, estaba de nuevo en la hacienda, me habían
encontrado.
- ¿Pensabas
que no íbamos a encontrarte verdad?- Dijo Ricardo. No respondí.
Me eché las manos a la cabeza. Creía que no podría
volver a salir.
- Hija, la
policía no es tonta-
Dijo mi padre esbozando una sonrisa.
Intenté levantarme. No pude.
- Estás muy
débil Adelain, es mejor que descanses- Dijo Ricardo- Mañana será un largo día.
Se fueron los dos del aposento. Intenté levantarme
de nuevo. Esta vez lo conseguí. Me asomé a la puerta, y pude ver como se iban,
escuché la puerta, bajé las escaleras de dos en dos a pesar de mi debilidad. Me
asomé por la ventana de la cocina y vi como se marchaban en el coche. Subí
rápidamente a la habitación acordándome del teléfono, lo busqué pero no había
ningún rastro de él. Suponía que se lo habrían llevado y no quería pensar en lo
que podían hacer con él. Me vestí con la intención de largarme. De nuevo bajé
las escaleras. Y cuándo llegué a la puerta principal y cuándo la intenté abrir.
Mierda. Habían cambiado la cerradura. Me dispuse hacer lo imposible para poder
salir de allí.
Busqué alguna ventana con la que poder escaparme
pero todas eran con rejas, y bastante altas, se me venia al mundo abajo, no
sabía que hacer.
CAPÍTULO 3
Mientras yo buscaba una salida... Mi padre y
Ricardo llegaban a Mollina (El pueblo dónde vivía antes de todo esto)
- Ricardo,
¿Está el teléfono de mi hija encendido?
- Si, señor.
- Busca el
número de Alejandro, y mándale el siguiente mensaje <<Amor, no quiero
volver a verte, por favor, no vengas y no pidas explicaciones ya que no las
hay. Un beso>>
- Jajaja ¿En serio señor? ¿Envío ese mensaje tan
cursi? ¿No se dará cuenta?
- ¡Ay! Ricardo,
Ricardo... que poco conoces a mi hija, es más cursi de lo que parece... ¡Vamos!
¿A qué esperas? Envíale ese mensaje. Yo voy a mi casa, ya que mi mujer lleva
varios días sin verme, no tardo.
- Si señor.- Y de inmediato mandó un mensaje a mi
amado.
En casa de mis padres...
- ¿Has encontrado a Adelaida?
- Si, la he
encontrado, ya le he dado un poco de su merecido.
- ¿Eso quiere decir que aún no has acabado?
- Por
supuesto que no, mujer, a tu hija le queda mucho por lo que sufrir, el daño que
se le hace a un padre, no se perdona tan fácilmente.
- Pero...
- Pero nada,
déjame hacer las cosas a mi manera, a tu hija no le vá a pasar nada malo...
- ¡Pero es tu hija, no le hagas sufrir de esa
manera!
- ¡Ei!,...
¿Desde cuándo estás tu tan rebelde? Siempre me has apoyado...
- Si, lo sé... pero ahora siento que estamos
perdiendo a nuestra propia hija, para siempre.
- Esmeralda,
la perdimos hace mucho tiempo, y nos deshonró tanto a ti como a mi, ¿Qué le
dijimos hace años? ¿Qué le dijimos? Que no se casara con ese fraude, ¿Y ella
que hizo? Lo contrario.
- Pero debemos de respetar su opinión
-
¡Esmeralda! Ya basta, en esta casa, se hace lo que yo diga.
- Esta bien...- Y mi madre guardó silencio.
Entonces entro Ricardo...
- Señor...- Dijo.-
- Ricardo,
ven a mi despacho.
Una vez en el despacho...
- ¿Le has
mandado el mensaje?
- Si, señor.
- ¿Ha
contestado?
- Aún no...
- Esta bien,
debemos de pensar, mi hija es muy lista, y vá a conseguir escapar de la
hacienda.
- No señor, en mi hacienda, no hay ninguna otra
salida que la puerta principal, y por mucho que pida ayuda o grite, no la vá a
oír nadie...
- Eso
espero... pero de todas formas no estoy seguro... debemos de pensar en algo,
llevarla fuera del país, lejos, y dejarla allí...
- ¿Abandonada?
- Si
abandonada, que sufra lo que sufrí yo, cuando ella nos dejó para irse con ese
inútil.
- Señor, creo que ya sería demasiado...
- ¿Qué os
pasa hoy a todos? ¡Que sensibilidad la vuestra! Primero mi esposa, ahora tú,
Ricardo, más vale que hagas lo que ordeno, porque sino...
Mi madre escuchaba tras la puerta, fue a la
cocina, pidió a Henry (El mayordomo), que buscase en el despacho de mi padre
algún documento que le indicase, dónde estaba la hacienda, para ir a buscarme.
Entonces, mi madre, hizo como que se caía para que Henry pudiese entrar hasta
el despacho y buscase la dirección rápidamente.
- ¡Ay! ¡Alfonso! ¡Ricardo! ¡Ayuda por favor!
Y lógicamente fueron en su “rescate” mientras
Henry entraba en acción. Entró en la habitación. Buscó por todos los cajones
pero no encontraba nada, y era imposible que hubiese un documento con la
dirección de la hacienda. Salió del despacho. Mi madre decía que ya se le había
pasado. Mi padre y Ricardo, volvieron a su despacho. Henry tuvo una idea.
- Señora, no
hay ningún documento que lo identifique.
- ¡Mierda! Entonces... ¿Qué podemos hacer?
- Había
pensado, en perseguirlos la próxima vez que vayan para la hacienda... ¿Qué le
parece?
- No Henry, es muy arriesgado... nos podrían
pillar, además sabes de sobra que no puedo salir de casa, mi marido me lo tiene
prohibido.
- Bueno,
puedes decirle que debes hacer unas compras en el mercado...
- Henry, te vá a mandar a ti.
- Le dices
que he caído enfermo. Esmeralda, ¿Usted quiere a su hija?
- Pero por favor Henry, ¿Qué pregunta es esa? Por
supuesto que la quiero, lo que pasa esque estos años atrás Alfonso me tenía
como... “poseída” no se...
- Pero aún
no es tarde, haga lo que le digo, y si sale mal, pensaremos en otra cosa...
- No dará tiempo a pensar en otra cosa, porque si
mi marido nos llega a pillar, no
podríamos volver a pensar en ningún plan más.
-
Inténtalo...
Mi madre se sentía confusa, sin saber que hacer,
ya que mi padre... era un animal y podría hacer de todo, menos de nada.
En el despacho...
- ¡Mira señor! Alejandro ha contestado...
- ¿Qué dice?
¿Qué dice?-
Dijo mi padre desesperado.
- <<Amor, ¿Qué ocurre? Mañana nos vemos, voy
a ir a la hacienda dónde me dijiste, ¿Te han hecho algo esos tipos?>>
- Uhm... con
que Alejandrito sabe toda la movida, no es de extrañar. Envíale... <<Por
favor, no me llames amor, lo nuestro es pasado, déjame en paz,
olvídame...>>
- Está bien...- Y Ricardo, inmediatamente, lo
mandó.
- Ricardo,
vamos hacer lo que yo he dicho, Alejandro si o si, vá a ir a la hacienda, por
lo tanto tenemos que llevarnos a mi hija, esta misma noche, ¿entendido?
- Si, señor.
Henry, que escuchaba tras la puerta, avisó a mi
madre.
- Señora,
esta noche van a ir a recoger a su hija, y van a llevarla lejos.
- Henry, prepara todo, porque cuando ellos se vayan,
nosotros les perseguiremos...
- Señora,
pero deberíamos coger a su hija, antes que ellos.
- Si, tienes razón... Está bien, pues vamos ahora.
Voy a hablar con mi marido. Espere aquí. ¡Alfonso! ¡Alfonso!
- ¿Qué
quieres Esmeralda? Estoy ocupado...
- Voy a salir.
- ¿A dónde?
- Al mercado con Henry, le quiero indicar unos
nuevos alimentos que debe de comprar.
-Está
bien... pero no tardes, que yo me tengo que ir.
- Bueno, vete, yo tengo llaves ¿Y adónde vas otra
vez?
- Con
Ricardo. Vuelvo mañana.
- Está bien, yo no sé cuanto exactamente voy a
tardar pero me llevo las llaves por las dudas.
- Si,
mejor... Hasta mañana.
- Adiós...
Mi padre había cedido. Raro, se vé que aceptaría
porque estaba contento ya que sus deseos se iban a cumplir... o no.
Mi madre y Henry, subieron al coche...
- ¿Hacia
dónde me dirijo señora?
- Eh... es verdad... sino sabemos dónde es...
Estaciónate en la carretera Km. 456 a las afueras de Mollina, allí esperaremos
a mi marido...
- Le vuelvo
a repetir, que debemos de llegar nosotros antes para poder salvar a su hija.
- ¡Ay Henry! No me estreses, esa es la única
opción que nos queda, ya pensaremos algo en el camino. ¡Arranca!
Y con el estrés de mi madre, Henry arrancó...
- Ricardo, coge tus cosas, comida y demás para el
camino, porque nos vamos ahora mismo.
- Señor,
¿Ya?
- Si Ricardo, no podemos perder tiempo. Mi hija no
es tonta. Ya sabes que mañana vuelve
Alejandro, o ¿esque no has leído el mensaje?
- Está bien,
Señor.
Se pusieron en marcha, a prepararlo todo, y en
media hora estaban listos.
- Señor,
antes de que zarpemos... ¿Cuánto me vá a pagar por esto?
- ¿Con qué solo lo haces por dinero? ¿No?,
Ricardo, no tenemos tiempo para pensar en eso. Cuando lo hayamos echo,
pensaremos en dinero. Pero tu tranquilo, que si todo sale bien, te espera una
gran recompensa. Te lo aseguro.
- Está bien.
Vamos señor.
Y se pusieron en marcha.
Mi madre y Henry, metidos en el coche, hablaban...
- Señora,
¿le puedo preguntar algo?
- Si claro, dime Henry
- ¿Por qué
se casó con el señor Alfonso?
Mi madre... suspiró...pensó...
- ¡Ay! Henry... esa pregunta es tan complicada de
responder... Alfonso no era el mismo cuándo yo lo conocí... era todo lo
contrario, una persona tierna, dulce... lo que una mujer buscaba en un hombre.
Pero cuando nación Adelaida, cambió radicalmente... nunca he sabido el por qué,
y debe de tener sus motivos.
- ¿Y por qué
usted ha cambiado de opinión sobre su hija?
- ¿Cómo? No entiendo lo que quiere decir...
- Si, ¿Por
qué antes no ayudaba a su hija cuándo Alfonso...?
- Porque, antes yo no era la misma, y estaba
completamente ciega...
- ¡Señora!
¡Su marido y Ricardo!-
Gritó Henry
- Adelante, ¡persígalos!
Henry arrancó y no dudó un segundo en
perseguirlos...
CAPÍTULO
4
Yo en la hacienda, buscaba una salida... Era
imposible salir de aquel lugar, con la gran hacienda que era y no había ninguna
otra salida, entonces pensé que había sido una inútil y me eché a reír... LAS
VENTANAS... ¿Cómo podía haber sido tan tonta de no haber tenido esa idea mínima
de salir por la ventana? Entonces bajé las escaleras hasta la planta baja,
entré en la cocina. La ventana lógicamente estaba cerrada, había un cristal,
podría romperse... pero necesitaba algo para poder romper la verja oxidada y
podrida que tenía, entonces revisé en el trastero para poder encontrar un
utensilio que pudiese romper la verja. Había un montón de cajas llenas y
cerradas en aquel lugar, y yo no tenía tiempo para poderlas abrirlas todas. Ya
que me olía que estarían al regresar. Cuándo ya tenía abiertas 6 cajas...
escuche el motor de un coche... Rápidamente me asomé por la ventana que hay al
lado de la puerta principal y mi oído no me había fallado. Mi padre y Ricardo.
Me puse a llorar, ya que no me quedaba optimismo en el cuerpo... Fui al
trastero de nuevo abrí unas 2 cajas más... luego 3 más... Hasta que al fin...
encontré la herramienta que buscaba. Me paré a pensar que ya deberían haber
entrado, me asomé de nuevo. No veía a nadie. Sin pensarlo dos veces, me dirigí
a la ventana de la cocina, por la cual iba a salir, y empecé a machacar la
verja, en menos de un minuto tenía la salida.
Al romper la verja, salté, ya que había unos dos o
tres metros aproximademente, rodeé la casa, hasta llegar a la esquina de la
puerta principal. Asomé media cabeza, ví el coche aparcado y a mi padre y
Ricardo, entrando... A los quince segundos de ellos entrar, llegó otro coche.
Entonces me puse nerviosa y eché a correr por aquel bosque que anteriormente
usé para “escapar”. Sentí cómo bajaban aquellas dos personas extrañas, cerraban
la puerta, y se dirigían hacia a mí. Corriendo. Entonces yo más corría. Me
perdieron la pista, y yo se la perdí a ellos. Entonces ví como una especie de
cabaña, pequeña casa o bungalow , golpée desesperadamente, me abrió un
viejecito muy adorable. Le pedía ayuda. Y amablemente, me dejó entrar. A los
cinco minutos de yo descansar le expliqué toda la historia con pelos y
señales...
-
¿Quiéres un vaso de agua muchacha?- Me dijo.
-
No,
gracias- Contesté.
-
Una historia verdaderamente muy fuerte.
-
Si,
¿Usted tiene teléfono?- Le pregunté.
-
No hija. Pero aquí al lado, en un pueblo, hay una gasolinera,
ahí te dejarán llamar.
-
Está
bien, necesito llamar a mi marido y explicarselo todo, ya que mi padre, me ha
robado el teléfono.
-
Vámos, te acerco
-
No,
gracias, ya voy yo. Muchas gracias por todo.
-
Insisto. Yo te acompañaré. El pueblo está cómo a uno 23 Km.
Aproximadamente.
-
Déjelo.
Muchas gracias, de verdad.
-
Pero ahora su padre estará al acecho, hija.
-
No
me queda otra que salir de aquí, además he de buscarme un techo dónde pasar la
noche.
-
Ésta es su casa. Podrías pasar aquí la noche. Y mañana por la
mañana, te acerco y lo llamas.
-
¿De
veras? Muchas gracias.- Y de la alegría. Le dí un beso.
-
¡Por cierto! No me has dicho tu nombre...
-
Adelaida
y... ¿Usted?
-
Venancio.
-
Perdona
por entrometerme pero... ¿Usted vive solo? ¿Y su familia?
-
Vivo solo. Hace dos meses me quedé viudo y solo viene a
visitarme mi nieto.
Alberto.
-
Vaya,
lo siento...
-
Bueno, perdóname pero estoy muy cansado, y quiero dormir. Mi
habitación es esa. La suya está al lado.
-
Muchas
gracias, de véras.
Venacnio se fué a dormir, y yo me quedé sentada en
el sofá pensativa. Ricardo venía mañana y debía de decirle todo lo sucedido y
hacerle referencia de un lugar para poder encontrarnos. Pensé. Entonces
golpearon la puerta. Me asusté. No me lo podía creer, me habían encontrado.
Venancio, no salía de su habitación. Fuí a llamarlo.
-
¡Venancio!
¡Venancio!
-
Dime, hija. ¿Qué pasa?
-
Están
golpeando la puerta.
-
¿A estas horas? Voy a ver...
-
No,
¿Y si es mi padre?
-
Tú escóndete.
Hice caso. Me escondí bajo la cama mientras
Venancio abandonaba la habitación. A los 10 segundos entró con un muchacho.
-
Hija, puedes salir, es mi nieto Alberto.
Lentamente salí bajo la cama, y al ver a ese
hombre bellísimo, fuerte y...
-
Hola,
soy Adelaida- dije tarmudeando
-
Yo Alberto, encantado de conocerla. Perdóna por el
atrevimiento, pero es usted una mujer bellísima.
-
Y
usted... usted... ¿Alberto me ha dicho verdad?
-
Si.
-
Es
un placer. Venancio, no quiero molestar, mejor me voy, muchísimas gracias por
acogerme un tiempo. Muchas gracias, de veras.
-
No hija, quédese, hay espacio para los tres.
-
No,
gracias, de verdad, no quiero molestar
-
No es ninguna molestia- Interrumpió Alberto.
-
Alberto
por favor acómpaña a la señorita Adelaida a la habitación de arriba, porfavor.
-
Si, abuelo.
Y entonces me acompañó, no podía parar de mirarlo.
Era un hombre precioso. Pero yo estaba casada y debía de controlarme. Subíamos
las caleras y hubo un silencio incómodo. Al llegar a la planta de arriba y la
última...
-
Ésa es su habitación.
-
Gracias.
Buenas noches.
-
¿Está casada? ¿Tiene...
-
¡Porfavor!
No se entrometa en mi vida personal.
-
Si, perdón. Buenas noches.
Me dormí pensando en Alberto pero a la vez en
Alejandro. ¿Qué me estaba pasando?
Al día siguiente me desperté en aquel confortable
dormitorio, lo divisé de arriba abajo. Tenía unos grandes baúles que imaginé estarían repletos de ropa
vieja y objetos ya no usados. En la pared, unos cuadros con fotos en blanco y
negro en su interior. Supuse que sería la familia de Venancio. A los segundos
entró Alberto.
-
Buenos días Adelaida.
-
Buenos
días.- Dije yo en seco.
-
¡Vaya! Al parecer no tenemos buen humor por las mañanas.
-
Perdón.
Pero estoy muy extresada con pensar el día que se me viene encima.
-
Está perdonada. ¿Le apetece dar una vuelta por los
alrededores?
-
Si.
¿Por qué no?- Dije yo sin pensar que mi padre y Ricardo y los otros dos
individuos podían estar al acecho.
-
Pues porfavor.- Y me dejó salir primera de la habitación, que
caballero.
Al bajar las escaleras escuché dos golpes seguidos
en la puerta. Me asusté.
-
Voy yo, mi abuelo ha ido un momento al pueblo.
-
¿Y
si es mi padre?
-
Le digo que estás conmigo, no creo que se enfade.
-
¡No!,
abre y si me buscan dile que no me has visto, después le cuento.- Dije suiendo
escaleras arriba.
-
Está bien. Y porfavor, no me trates de usted, yo creo que hay
ya bastante confianza. ¿No crees?.- Y se dirigió a la puerta.
Yo me escondí bajo la cama. Muy asustada.
CAPITULO
5
Mi madre y Henry pasaron la noche en el coche.
Algo alejados de la hacienda, para que mi padre no se percatara de nada.
-
Henry,
estoy muy asustada. No quiero que nos descubran, debías haber corrido más
anoche hasta alcanzarla.
-
Señora, creería que seríamos algunos socios de su marido.
-
¿Y
ahora qué vamos a hacer? No se me ocurre nada.
-
Bajémonos y busquémosla. Es la única opción que nos queda, a
la hacienda no creo que vuelva.- Dijo Henry muy acertado.
-
Pues
vamos, ¿A qué esperamos?
Bajaron del coche, y echaron a andar por el
frondoso bosque.
CAPITULO 6
Alberto
se dirigia hacia la puerta, mientras yo, en la habitacion donde habia pasado la
noche, me escondia bajo la cama.
Alberto
miro por un huequecito roto que habia justo en el centro de la puerta principal
y vio a dos hombres, corriendo subio hasta la habitacion y me conto como eran
aquellos dos extranos para el, pero bien conocidos para mi. Eran Ricardo y mi
padre, entonces me puse a llorar pensando que en ese mismo momento acababa mi
historia. Alberto conto la idea de poder escapar por la parte de atras, justo
con el patio, donde habia que saltar un pequeño muro, mientras tanto, mi padre seguia aporreando
la puerta y a gritar desaforadamente:
-
Abra la puerta senor!- Dijo- o tendre que abrirla yo.
Nosotros,
por el patio, saltemos por el muro y nos adentremos en el bosque.
He
aqui, donde comienza mi historia: TODO CONTIGO, NADA SIN TI.
Me Encanta tu novela, solo terminas de leer y terminas con ganas de mas!!! asi que terminala que estoy deseando verla, un beso cariño y mucha mierda!! :)
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